El riesgo de quitarle el corazón a las enseñanzas espirituales

Dejar de Fumar es Facil • Febrero 04, 2016 • Sin Comentarios

 

“…hay una cosa que hace el conocimiento de los primeros filósofos tan difícil de aprehender y de darle sentido: el hecho de que su origen no se halla en el pensamiento ni en la razón.

Procedía de la experiencia de otros estados de conciencia. Esos filósofos, la gente a la que atacan los textos hipocráticos, eran iatromanties, eran místicos y magos. Y según ellos no existe curación real a menos que se descubra lo que uno es más allá del mundo de los sentidos”.

 

– Peter Kingsley.

 

Como he venido contándoles, el desarrollo espiritual de las personas se hace necesario en un periodo de crisis existencial y ecológico como en el que nos encontramos. Como la “necesidad hace el órgano”, han venido apareciendo, con el pasar de los años un sin número de terapias y tratamientos que buscan hacerse cargo de este problema. Unos pocos útiles, unos más placebos y un gran número de sucedáneos.

 

En el artículo pasado les conté sobre el Mindfulness, la occidentalización de la meditación. Se ha visto que tiene buenos resultados a la hora de incrementar el bienestar físico y psico – emocional, y una serie de peligros a la hora de sacar de contexto técnicas y tratamientos que necesitan del marco teórico en el que fueron concebidos (en este caso el budismo).

 

El camino espiritual no es una moda ni algo que se aprehenda en un día, un año, ni en un curso de fin de semana. Involucra disciplina, fuerza de voluntad y coraje a la hora de enfrentar esas partes oscuras de nosotros mismos, que por lo general preferimos ignorar hasta que se manifiestan como malestar, enfermedad o “mala suerte”.

 

No es algo que sucede sólo en la sala de prácticas. Permea todas las áreas de la vida, aquello que se aprende internamente, se manifiesta externamente también, en las relaciones humanas y con el planeta. Si se está en paz y alegría internamente, por más adversidades que nos toquen hay que continuar anclados en este estado, o por defecto, acostarse a descansar. Rumear los pensamientos, rabear o preocuparse no servirá de nada, más que hacernos pasar un mal rato, regalarnos un “trago extra” de angustia y posiblemente enfermar nuestro organismo. En este sentido, el cielo o el infierno no son lugares externos o después de la vida; son una parte muy íntima de nuestro ser que cargamos y determina cómo nos relacionamos con la vida.

 

A continuación un listado con signos a tener en consideración a la hora de tomar una terapia o tratamiento que se adjudique el trabajar holísticamente mente – cuerpo – espíritu:

 

  • Confianza: A la hora de escoger una terapia o un guía, hemos de tener en cuenta si la persona nos da confianza, ¿es transparente?, ¿se preocupa por mi proceso?, ¿me ayuda a resolver las dudas que van surgiendo en el camino? ¿tiene dobles intenciones?

 

  • Consecuencia: Relacionado con lo anterior, la persona que hemos elegido, ¿es consecuente con lo que predica? ¿es un practicante activo de su camino? En este sentido sería impresentable un profesor de yoga esquelético o con sobre peso; un monje borracho; o que no practiquen.

 

  • Energía: Si todo tiene espíritu, y el terapeuta trabaja con energías espirituales, y sobre todo si tiene acceso a aquello más íntimo de una persona, es de vital importancia que tenga una “buena energía” y no ocupe su conocimiento para hacer daño. A esto me refiero por ejemplo si va a hacerse Reiki, el cual proclama equilibrar los centros energéticos de la persona, que el terapeuta no consuma drogas ni alcohol, que se alimente de forma balanceada, no sea promiscuo, y su mente y corazón estén serenos, pues al ser canal, todas estas energías entrarían al paciente.

 

  • ¿Que energías trabaja? Es frecuente oír de terapeutas que trabajan con la energía del bien, del universo, la luz, etc. Esto es una simplificación grosera de lo que es el mundo espiritual. Aunque muchas veces contra – intuitivas, y otras veces invisibles, este tiene sus reglas, sus habitantes y sus peligros. Entonces, a qué energías está llamando, ¿sabe su nombre? ¿cómo trabaja? ¿qué necesita para hacer bien su trabajo? ¿pide algo a cambio?

 

  • “Almas viejas”: Hay que tener sumo cuidado especialmente con aquellos que presumen ser almas viejas. Una cosa es provenir de una familia de médicos tradicionales, y otra muy distinta es estar desarrollado espiritualmente por los méritos alcanzados por sus padres o abuelos. ¿se atendería acaso con un hombre que se proclama dentista porque su madre y su abuelo lo fueron? Las lecciones y conocimientos se adquieren en esta existencia, el resto es presumir de nada. Este camino requiere práctica y disciplina; nadie puede hacer el trabajo por usted. Por otra parte, lo único que tenemos con certeza es este aquí y ahora, sobre la vida antes y después de la muerte, la respuesta más humilde y sincera es un “no sé”, pues hasta donde yo sé, nadie ha ido y vuelto para contarlo.

 

  • Portales: Al trabajar con energías espirituales, por lo general se abren puertas que unen el mundo físico y el espiritual, por ello es necesario saber como cerrar los trabajos. Si la puerta queda abierta, la persona será más susceptible a absorber energías contrarias del entorno: melancolía, agresividad, angustia que pueden terminar en crisis de pánico o bordeando la locura.

 

  • Sucedáneos: durante los años 50 y 60, se llevaron a cabo investigaciones con sustancias llamadas enteógenas, que permiten experimentar la divinidad dentro de uno, como los hongos psylocibos, LSD y mescalina. Sobrepasaron con creces la efectividad terapéutica de las terapias convencionales en temas como depresión, alcoholismo, ansiedad asociada a la muerte, autismo, rehabilitación de población penal y estrés postraumático. En los años 70 fueron prohibidos para el uso público e investigación. Desde los años 90, Multidisciplinary association for psychedelic studies (MAPS), ha retomado la investigación en esta área con asombrosos resultados.

Estas sustancias son una puerta a la espiritualidad que experimentaron nuestros ancestros, y de las que obtuvieron la visión para escribir los libros sagrados de las religiones. La prohibición no hizo más que dejar un terreno fértil para la aparición de terapias New Age y fantasías que buscan tomar el lugar ocupado por los enteógenos, la mayoría de las veces con gente mal preparada, con escaso conocimiento de los estados expandidos de conciencia y con un interés meramente económico, haciendo algo parecido en forma, mas el fondo es completamente distinto.

 

  • Setting: Habla de las condiciones físicas donde se realizan estas experiencias. Tomando de ejemplo el punto anterior, no es recomendable consumir plantas maestras o sustancias enteógenas, en contextos poco adecuados (un bar, la calle o una reunión de amigos) o mezcladas con alcohol. Si bien la ciencia ha demostrado que son de gran utilidad a la hora de tratar condiciones hasta ahora con poca efectividad terapéutica convencional, su mal uso puede generar mayores problemas.

 

  • Criterio económico: Consiste en analizar los beneficios de la terapia. ¿Han habido cambios tangibles desde que comencé? ¿Se han solucionado al menos parcialmente los conflictos que me llevaron a consultar? ¿Me ayuda a llevar adelante mi vida o solo dependo del terapeuta para estar bien?

 

 

Daniel Varas Sepúlveda.

Psicólogo diplomado en psicología positiva.
Fundador centro de concentración y sanación con plantas medicinales “Ojo de Luna”.

Monje Zen.

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