Meditación: ¿Qué dice la ciencia?

Dejar de Fumar es Facil • Enero 04, 2016 • Sin Comentarios

En ocasiones anteriores les he contado sobre la meditación, sus orígenes y fundamentos, así como sobre la espiritualidad. Les he comentado que la espiritualidad no siempre es vivir en una cueva o un monasterio, vestir de alguna forma específica, o estudiar alguna filosofía en particular. Es un estilo de vida, donde poco a poco vamos tomando conciencia sobre nuestro cuerpo, mente y emociones, cómo estos interaccionan entre sí, y con nuestro entorno físico y social. De esto se desprende una nueva forma de funcionamiento, desde la paz, armonía, alegría y amor. A medida que nos vamos conociendo a nosotros mismos, vamos trascendiendo el ego, aquello que sobre – valora la satisfacción de nuestros deseos y estados internos (yo – mí – mío).

Así nos vamos haciendo más humildes, empáticos y bondadosos, pues empezamos a considerar al otro en esta ecuación. Si el cuerpo está sano, los pensamientos en calma y el corazón tranquilo, aparece la paz que buscamos, somos capaces de oír nuestra esencia íntima, conectarnos con aquello que nos hace vibrar, reconocer nuestras virtudes y fortalezas, encontrar un trabajo que nos permita fluir y poner en juego nuestras capacidades, ponernos en el lugar de otro y actuar desde una inteligencia social y emocional.

¿Pero, qué es el espíritu? Distintas tradiciones espirituales dicen que todo tiene espíritu: el viento, la tierra, las aguas, las piedras y las montañas, los árboles y las plantas; los seres humanos y los animales; las pasiones y las conductas. Desde esta perspectiva todo está inter – relacionado y conectado, mas la respuesta sobre qué es la espiritualidad está dentro de cada quién, y dar una respuesta sobre esta interrogante sería como explicar a alguien que nunca ha comido una manzana sobre la experiencia de comerla.

Por otra parte, la ciencia desde a mediados de los años 90, se ha interesado por la práctica de la meditación budista. Para ello ha debido reducir el fenómeno para poder estudiarlo. De ello surgen las intervenciones Mindfulness, una práctica que toma algunas técnicas de esta tradición con el objetivo de ayudar a las personas a traer su mente al momento presente y tomar conciencia sobre su cuerpo, mente y emociones.

Se han utilizado electroencéfalogramas (EEG) y resonancias magnéticas funcionales (FMR) para detectar las zonas del cerebro involucradas en estos procesos, en grupos de prácticantes, pacientes y no meditadores.

Por ejemplo, la práctica a largo plazo de la meditación ha mostrado que previene el envejecimiento cerebral (Luders, 2015). También aumenta la sustancia gris en zonas asociadas con la atención, memoria y aprendizaje, regulación emocional, toma de perspectiva y noción del yo (Hölzer & Lazar, 2011). Estos datos, concuerdan con lo que ya se sabía desde la praxis de la meditación, que al estar más conscientes de nuestra respiración y el momento presente, se presta más atención a la información que nos llega a través de los órganos de los sentidos y se está más propenso a actuar “en frio”, previniendo decisiones impulsivas y emociones aflictivas (miedo, preocupación, tristeza o rabia). También se ha visto en el laboratorio un mejoramiento en la función de ciertas células del sistema inmunológico frente a enfermedades respiratorias agudas en practicantes de meditación (Barrett et al, 2012).

En los últimos años, se han elaborado programas basados en Mindfulness para disminuir el estrés, control del dolor, depresiones y tratamiento de adiciones, incluyendo el tabaco, con mejores resultados que la terapia farmacológica y psicoterapia por si solas.

Por lo general, en cuanto a los tratamientos para dejar de fumar, estos tienen un porcentaje de recaída del 70%. Si comparamos aquellos basados en mindfulness con la terapia tradicional, al final del tratamiento, tienen un porcentaje de abstinencia del 36% vs 15%. En el seguimiento tras diecisiete semanas, la efectividad disminuye a un 31% y 6% en cada grupo (Brewer et al, 2011), y las ansias por fumar (cravings) son menores tras el tratamiento en el grupo que practicó meditación (Elwafi et al, 2013). La práctica del yoga también comparte algunos de estos beneficios (Todd, 2013).

Por definición, la ciencia para estudiar los fenómenos, ha de separarlos en partes, acotarlos, para poder conocer la totalidad de su objeto de estudio. Si bien, la occidentalización de la meditación ha traído grandes beneficios en el bienestar físico y psicológico a las personas que no están familiarizadas con estas técnicas, como detallan estos estudios, por otra parte, sobre simplifica el camino del Buda, un camino interior que con la práctica sucesiva lleva a estados expandidos de conciencia a través de meditación, por lo que si el guía no está familiarizado con estos procesos, podría ser contraproducente para el paciente, quedando a la deriva sin una orientación y apoyo adecuados.

 

“La cultura occidental es maestra en el arte del sucedáneo. Ofrece y no da nunca, porque no puede.

Incluso ha perdido la capacidad de saber qué tiene que dar, de manera que, en su lugar, ofrece sucedáneos.

Falta lo más importante y su ausencia es clamorosa. Y lo que se nos ofrece con frecuencia no es

más que un sucedáneo de algo mucho mejor que existía en otros tiempos, o que todavía existe, pero

ambas cosas no tienen en común más que el nombre”.

– Peter Kingsley.

 

 

Daniel Varas Sepúlveda.
Psicólogo diplomado en psicología positiva.
Fundador centro de concentración y sanación con plantas medicinales “Ojo de Luna”.
Monje Zen.
Http://www.ojodeluna.org
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