Recobrando el sentido de vivir

Dejar de Fumar es Facil • Diciembre 18, 2014 • Sin Comentarios

Muchas veces enfermamos por motivos asociados a agentes patógenos: virus bacterias, hongos; otras por afecciones llamadas “psicosomáticas”: factores de nuestro entorno social, psicológicos o emocionales. Estos, debilitan nuestras defensas y quedamos propensos a enfermedades, dado que las hormonas y transmisores químicos asociados a emociones aflictivas como la rabia, la preocupación, el miedo o la pena, van debilitando nuestro organismo. Este es el nexo directo entre mente – emoción y cuerpo (para más información revisar acá).

Por ejemplo, se ha visto que la rabia está asociado a enfermedades cardiacas, la pena a ciertos tipos de cánceres, y las preocupaciones y el estrés a dolencias auto – inmunes (reumatismos, diabetes, alergias).

Nuestra ignorancia sobre la capacidad de utilizar la mente como lo que es, una grandiosa herramienta para diseñar planes, estudiar temas o crear y desarrollar los distintos ámbitos de los saberes humanos, nos ha llevado a un mal uso de ésta: como una especie de alarma fuera de control que está todo el tiempo recordándonos que estamos tarde, sobre lo que aún no hemos hecho ni conseguido, poniendo en duda nuestras capacidades, colocando etiquetas sobre lo que nos ocurre, “esto es bueno, o malo; me gusta o me desagrada; muy grande, muy chico, muy gordo, muy amargo” y así hasta el infinito. Esto despierta la amplia gama de respuestas emocionales aflictivas (preocupación, estrés, miedo, ansiedad, rabia, duda, verguenza, culpa).

Las causas de esto radican en la ausencia de programas sobre educación psico – emocional durante nuestra infancia. Por lo tanto, crecemos ignorando el funcionamiento de procesos básicos de nuestro aparato psíquico: la atención y concentración, el pensamiento, el lenguaje o las emociones, quedando estos a merced de los vaivenes de las ajetreadas vidas que llevamos y a nuestros mejores y bien intencionados esfuerzos. Sin el conocimiento adecuedo, en otras palabras: “cada uno lo hace lo mejor que puede”.

Otro factor relevante es que desde pequeños, en las escuelas no enseñan a salir del aquí y ahora, el presente, donde por lo general los niños se mueven: “Que estudia para la prueba de la próxima semana, que si te va mal no vas a ser nadie en la vida, que así te morirás de hambre”. Este proceder, provocará que no fluyamos en los aprendizajes de la escuela y no nos entusiasmen, pues nos perturban emocionalmente. Eso se siente en el cuerpo y provoca que el niño /a, empieza a pre – ocuparse por el futuro, así  la mente a comenzará a funcionar a “mil por hora”, como nos suele ocurrir a la mayoría. Con esto perdemos el contacto con nuestra situación actual, con nuestro cuerpo, con nuestro entorno, puesto que la atención está puesta en algo que aún no existe, en un futuro que no ha llegado.

En lugar de ocuparnos de nuestros asuntos, de la única manera posible, a través de la acción, pensamos una y otra vez sobre lo que debemos hacer y lo que aún no hemos hecho. Fantaseamos con un sin número de situaciones y resultados posibles, en lugar de dedicarnos y actuar en pos de solucionar estos dilemas.

Por ejemplo, tiene que entregar un informe para mañana y en lugar de sentarse al computador y elaborarlo, está tres o cuatro horas pensando en la pereza que le da realizarlo, en lo cansado que está y en el sin número de otras pre – ocupaciones que posee.

No es extraño entonces que haya grandes tasas de depresión, ansiedad y abuso de drogas (y alcohol por cierto) en nuestros jóvenes y adultos. Este escaso contacto con nosotros mismos y lo que nos rodea, es lo que genera una falta de sentido vital. Somos incapaces de escuchar las sutiles señales que emanan de nuestro organismo. A final de cuentas somos un cuerpo, mas no lo notamos hasta que es demasiado tarde, cuando estamos en un estado avanzado de daño o enfermedad; cuando el médico nos receta cambiar los hábitos alimenticios, dejar el alcohol o el cigarrillo, porque el cuerpo ya no aguanta más al ritmo de vida que estamos llevando.

Buscamos llenar ese vacío interno con cosas materiales o externas, pensamos que tener  mucho dinero, un buen auto, una gran casa, salir a comer habitualmente a restaurantes, viajar a cruceros y all inclusive, “carretear” dejándolo todo, e involucramos frenéticamente en encuentros amorosos, le llenarán. Mas al conseguir estás cosas y tras la alegría pasajera, ese agujero negro en nuestro interior persiste y seguirá devorando experiencias y relaciones.

Pareja Feliz

Pareja feliz

Recobrando el sentido

  • Vivir desde la gratitud: Por lo general eso que tanto ansiamos está dentro nuestro, va en cómo nos tomamos las cosas, sólo hay que prestar atención: dar gracias por un nuevo día, por respirar, por estar sanos, tener trabajo, casa, comida, amigos, padres, parejas o hijos.
  • Tener objetivos e ir por ellos: Esto es distinto a la colección de experiencias externas de las que hablamos antes, es tener sueños y actividades que involucren todo nuestro potencial y nos ayuden a fluir y florecer como personas: el arte, el deporte, leer, aprehender algo nuevo, la música, la danza, generar un proyecto o empresa o cualquier actividad que implique toda nuestra atención y capacidades. Disfrutar los caminos, más que la meta propiamente tal hará que nuestros logros y la felicidad derivada de estos sean mucho más duraderas. No hay que desesperarse, cada día, podemos acercarnos un paso más a nuestros sueños.
  • Juzgar menos y sentir más:  Colocamos etiquetas, juzgamos y comparamos,  con momentos o personas, que pensamos fueron mejores. Nos olvidamos de disfrutar cada momento. En caso de alguna situación o persona nos esté dañando, lo más saludable es alejarse y situarnos donde deseamos estar.
  • Aprender a perdonar: Perdón no es olvidar la ofensa ni hacer la vista gorda, simplemente es dejar de pensar una y otra vez sobre esta, lo que deriva en emociones aflictivas que a la larga nos enfermarán. Dar vuelta la página y dar gracias que sea lo que sea que se nos haya hecho en el pasado, “gracias al cielo” ya ha dejado de suceder y con cada día tenemos una nueva oportunidad, depende de nosotros.
  • Perdonarnos a nosotros mismos: muchas veces somos demasiado duros, lo que sólo generará remordimientos, culpa o vergüenza. Y así no se puede vivir. Sólo basta con mirar y tomar conciencia de que fue lo que hicimos mal, y rectificarlo; hacer, no pensar. Todos los días aparecen oportunidades de enmendar el rumbo. Basta con dejar el pasado atrás, concentrarnos en nuestro presente, para que exista un buen futuro. Paciencia.
  • Ser congruente contigo mismo /a: No hagas cosas para impresionar a nadie, y sigue la voz de tu corazón, este sabe muy bien dónde, cuándo y cómo te sientes bien. Nadie vivirá tu vida por ti.
  • Date tiempo para estar contigo: Descansar y tratarse con amor.  Obséquiate tiempo para divertirte y relajarte, un cerebro sobre cargado no funciona y el cuerpo siempre termina quejándose.

Todas estas acciones ayudan a que nuestro cuerpo genere otra clase de emociones, conocidas como positivas, que generan sentimientos y sensaciones bienestar, amor, alegría, armonía, disfrute, tranquilidad o esperanza. A nivel fisiológico liberan hormonas y mensajeros químicos relacionados con la salud y la felicidad.

Aprovechemos esta instancia de final de año, para evaluar nuestros comportamientos, relaciones y hábitos, conservemos lo que nos potencia y dejemos aquellos dañinos cambiándolos por otros más saludables y constructivos. Que tengan una felices fiestas.


Daniel Varas Sepúlveda.
Psicólogo diplomado en psicología positiva.
Fundador centro de concentración y sanación con plantas medicinales “Ojo de Luna”.

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Dirección consulta: Antonio Varas 175, of. 309, Providencia.
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Categories Psicología Salud

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Dejar de Fumar es Facil

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