Historia de las drogas: El Alcohol – Parte I

Dejar de Fumar es Facil • Octubre 07, 2014 • Sin Comentarios

Según un informe global y por país, publicado por la Organización Mundial de la Salud (OMS), Latinoamérica es la segunda región con mayor consumo de alcohol per cápita. Chile y Argentina lideran la lista, con una ingesta anual per cápita de alcohol puro de 9,6 litros y 9,3 litros respectivamente.

 

Considerando este dato, sería interesante hablar sobre nuestra droga favorita: el alcohol. Primero que todo, ¿estamos al tanto que es una droga, cierto? Que si tenemos sentimientos por la palabra cocaína, marihuana, heroína o éxtasis, sería apropiado que integrásemos a nuestro querido licor a este grupo. Comprender, al igual que con el azúcar, el hecho de que su venta y consumo este ampliamente permitido, no es un indicador de que sea beneficioso ni inocuo.

 

Entender de dónde viene la antigua relación entre el hombre y diversos embriagantes, su evolución entre el surgimiento y caída de distintas sociedades con sus respectivos predilectos, nos dará una idea más acabada sobre el rol y las energías que encarnan en nuestras vidas. Encarnan, pues al ingerir una molécula, sea cual sea esta su naturaleza, esta se vuelve carne en nuestro ser: físico, mental, emocional, social, espiritual. En el sentido de eucaristía o comunión, de incorporar lo divino, lo infinito, lo eterno.

Si les queremos llamar drogas, bueno, eso hacen: marean, cada una con un modo particular. Algunas casi imperceptibles como un agua de manzanilla, cedrón o melisa, ejerciendo con sutileza sus efectos sobre nuestra psicología. Otras de efecto más notorio, sedantes como la pasiflora o la valeriana; o estimulantes: gingseng, té café, mate, azúcar. La mayoría susurra su melodía, estética y mensaje con delicadeza en los sueños de quién sabe prestar atención.

 

En la medicina tradicional amazónica se piensa que todo tiene un espíritu. Existen las madres de los peces y animales, una especie de espíritu colectivo de cada grupo. Existen los médicos /as de los árboles y plantas medicinales. Es a través que de una alimentación especial, que permita la desintoxicación del cuerpo, junto a la ingesta de preparados de plantas u árboles, con distintas funciones, desde trabajar la concentración a limpiar la sangre o regenerar algún órgano dañado; que se entra en contacto con el “espíritu del médico”. ¿Ahora cuál es la naturaleza de nuestro invitado de hoy?

 

Un poco de historia.

Desde tiempos arcaicos, los pueblos del cercano oriente, han estado familiarizados con la producción de hidromiel (miel fermentada), y fermentos de frutas, con unos pocos grados alcohólicos.

“El vino tuvo un rol central en la cultura griega tardía, tanto como en tiempos clásicos, donde la impresionante figura extática de Dionisos, fue transformada en el lascivo dios del vino Baco, el dios de la orgía, y desde ahora, el desenfreno de la borrachera paso a formar parte del estilo de poder dominante”.

(Terence Mckenna, Fod of the gods)

 

No es hasta la cultura griega tardía, bajo la supremacía de Atenas sobre las otras polis griegas, que el vino cobra relevancia. Por proceso de fermentación, el vino no puede alcanzar más de catorce grados. Los vinos griegos tenían también la fama de ser de los más embriagantes y que requerían muchas diluciones para ser bebidos. Esto hace sospechar que mezclaban el fermento con resina (retsina) de Belladona o Datura, plantas embriagantes de su geografía.

 

Alcohol y la represión de lo femenino.

De acuerdo con Lewin, en la antigua Roma, el vino estaba reservado exclusivamente para los hombres adultos. Cuando la mujer de Egnatius Mecenius bebió vino de un barril, este le golpeó hasta la muerte. O la mujer de Pompiliu Faunus, que fue muerta a azotes por tomar el vino de su marido. Celtas, germanos y otros pueblos de la antigüedad, permitían beber a las mujeres y jóvenes.

En general, considerando nuestra herencia cultural, la sexualidad es vista como un tema que genera ambivalencia y ansiedad, entendida como un acto que busca la mera descarga de una tensión sexual, mas que una conexión trascendente con un otro, dando origen a la aproximación neurótica al sexo que con frecuencia observamos en nuestra cultura occidental. Dinámica que básicamente es reforzada por el alcohol y su manera característica de abordar y relacionarnos con un otro.

Nuestra cultura, ofrece espacios en que está permitida esta liberación de la tensión sexual, mediada por la bebida y desde una posición que nos relacionamos con lo femenino en su forma de “mujer caída” : discotecas, bares, pubs, aplicaciones de citas, burdeles y prostitución. Situaciones en que la fascinación y desprecio por la mujer se pueden “actuar” libremente lejos de toda responsabilidad.

 

Estereotipos reforzados por la moda, shows de televisión y creencias populares sobre lo que es sexy y deseable, ser hombre o mujer, formas de abordar a un otro y juegos psicológicos de dominación / sumisión, sostienen y reafirman un paradigma de la escasez, que hace que nos conformemos con migajas, no nos creamos merecedores de la abundancia y felicidad, todo en desmedro de nuestra auto – estima y valor personal. Lo digo porque se confunde y distorsiona el ser con el “llegar a ser”. En el primero está todo entregado, sólo resta fluir y jugar el papel que se te asignó en la “gran obra” o el “juego cósmico”, tomando ciertos resguardos. En el segundo se confunde tu rol con las expectativas y deseos sociales de un otro; difuso, imperativo y omnipresente; e invertimos nuestros esfuerzos y recursos en jugar el juego de otro, de otros, en que la mayoría de los buenos lugares están ocupados y que la sobras parecen suculentas.

 

Una aproximación al otro y a la sexualidad desde un estado expandido de inconsciencia es peligroso y poco auspicioso: no sólo nos lleva a eludir pistas importantes sobre quién tenemos en frente, con frecuencia mostramos nuestra mejor cara, tenemos relaciones íntimas y finalmente nos conocemos. En el transcurso van surgiendo esas pequeñas imperfecciones que pasamos por alto, responsables que nuestro proyecto de relación estuviese sentenciado desde su origen, apegados sólo a formas emocionales, mentales y materiales; ante el fracaso, consumir más relaciones. Todo esto sin considerar, que andan más de setenta enfermedades venéreas dando vueltas, mas nos sentimos invulnerables, bajando así la guardia respecto a la prevención.

 

Señalar también, que en nuestro días este modo de relacionarnos no involucra sólo a la mujer y es en ambas direcciones. Ese vacío existencial que puede invadir nuestra vida y la ignorancia respecto a conocimiento básico sobre cómo funciona nuestro ser mental, emocional, social, espiritual y cuerpo físico, nos llevan a conducirnos por la vida “lo mejor que podemos”, con los recursos y conocimientos que hemos tenido a la mano. Con el tiempo estas reacciones se van solidificando, formando una estructura de respuestas automáticas que nos permiten desenvolvernos con mayor o menor soltura ante los desafíos de la vida. Existe un océano de diferencias entre vivir desde el bienestar, la abundancia y satisfacción con la vida, que desde un mundo amenazante en que no somos merecedores de sus primores; entre contar con la información o vivir desde la ignorancia, terreno fértil para la aparición de adicciones y otros trastornos emocionales, que sólo generan tristeza y daño, en nosotros y nuestro entorno..

 

Daniel Varas Sepúlveda.

Psicólogo diplomado en psicología positiva.
Fundador centro de concentración y sanación con plantas medicinales “Ojo de Luna”.
http://www.ojodeluna.org

Dirección consulta: Antonio Varas 175, of. 309, Providencia.
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