Historia de las drogas: El Alcohol – Parte II

Dejar de Fumar es Facil • Octubre 07, 2014 • Sin Comentarios

La adicción a otras drogas, es algo desconocido hasta la criminalización de su uso, por el paradigma prohibicionista de los años setenta. De hecho no existían palabras para referirse al fenómeno en las diversas lenguas hasta entonces.

Por otra parte, el alcoholismo aparece mencionado en textos occidentales y orientales muy antiguos. En la cultura grecorromana, la falta de templanza con el vino se le considera una cuestión ética y no médica. No es hasta Séneca (4 a.c – 65 d.c), que se cataloga como un estado de enfermedad y no sólo un vicio.

 

Las primeras drogas sintéticas.

Sin embargo, no es hasta la aparición de los primeros destilados, que el alcoholismo no había sido un problema social de envergadura, al igual como sucedería más tarde con el opio y la aparición de la heroína.

El alcohol surge naturalmente de los procesos de fermentación de los azúcares presentes en resinas y frutas. En la naturaleza se pueden encontrar casos en que los animales e insectos que se emborrachan tras ingerir alimentos fermentados, y la intoxicación no evita que vuelvan a repetir la experiencia. Sus efectos son similares a los que observamos en humanos (Ver video).

El alcohol es relativamente fácil de conseguir, distintas fuentes orgánicas ricas en carbo – hidratos fermentan: frutas, granos, miel. Puede ser destilado simplemente aplicando calor al fermento vegetal, a diferencia de los alcaloídes que requieren solventes y reacciones químicas para ser concentrados. En este caso sólo necesitaremos un condensador, que disminuya la temperatura del vapor de alcohol y recuperar – lo en un recipiente. Al ser “re – capturado” de su forma gaseosa, se les otorgó el nombre de espíritus (spirits), que hasta el día de hoy podemos observar en algunos envases. Este proceso era conocido por los alquimistas europeos y chinos.

Del siglo XIV data la primera referencia sobre preparar alcohol refinado, del alquimista chino Ko Hung discutiendo acerca de preparar “cinnabar”.

 

 

Alcohol y esclavitud.

El alcohol destilado formó parte significativa de los imperios mercantiles del siglo XVIII y XIX, dentro del triángulo productivo esclavos – azúcar – ron. Por ejemplo en las Dutch East Indies, hoy Indonesia, se les asignaba a las mujeres un bono por hijo para promover la natalidad con el objetivo de tener mano de obra para “trabajar” en las plantaciones de caña de azúcar. Es así que hasta el día de hoy, Java, el centro de las Dutch East Indies, es una de las islas más sobre – pobladas del globo (143 millones).

La mayoría de el azúcar terminaba siendo transformada en alcohol, y lo que no se exportaba era consumido por la población local. Estrategia común de los imperios mercantiles para promover la estabilidad social y el control, tanto en sus territorios locales como colonias.

 

¿Qué hace el alcohol?

Es un depresor del sistema nervioso central, al igual que las pastillas para dormir, los tranquilizantes y los ansiolíticos. Al principio se siente una leve euforia producto de la des – inhibición química que provoca, los valores y estándares habituales se tornan conversables (fanfarronear sobre proyectos que no se materializan o engañar a la pareja), nos volvemos lujuriosos, impulsivos, mentirosos, alegres o depresivos; todo aquello que incluía nuestra esfera íntima, gracias a su efecto y extraña lógica particular, sentimos que está permitido hacerlo público y que los demás quieren o necesitan escucharlo, luego la “caña moral”.

El alcohol estimula sexualmente en dosis moderadas, el ego se siente empoderado y las facultades verbales se exacerban. Luego estos efectos van decayendo, dando paso a un estrechamiento de la conciencia, disminución de la capacidad de responder ante códigos sociales, regresiones infantiles, pérdida del desempeño sexual y descontrol motor, lo que va mermando nuestra auto – estima.

A nivel físico, altera el balance de líquidos del cuerpo. Al otro día duele la cabeza o los músculos, por falta de agua en las células, y el dolor es sinónimo de inflamación o daño. Cuando el cuerpo está en esta condición necesita descansar para recuperarse, por lo que el día siguiente por lo general es un día perdido. El dolor es una señal de estrés, de alerta, y esto nos vuelve sensibles e irritables, necesitamos silencio y tranquilidad, lo que de no conseguirlo, nos puede llevar a tratar mal a más de alguien. Para prevenir esto, es deseable siempre tomar al menos medio litro de agua, antes de dormir o perder la conciencia.

Por otra parte, su consumo habitual genera tolerancia, es decir nos volvemos resistentes al alcohol; dependencia psicológica: sentimos ganas de consumir, todo vendría mejor con una cerveza o una “piscola”; y dependencia física: al suspender el consumo, nos sentimos mal: irritados, nerviosos, cansados, ansiosos, preocupados, con la mente pensando cosas feas, que en pacientes alcohólicos pueden derivar en psicosis y delirios (‘delirium tremens’).

Entre sus mayores daños al cuerpo físico se cuentan daño al hígado y sensibilizar los receptores de nicotina que estimula el tabaco, razón por la cual, siempre sienta tan bien ese cigarrillo junto a nuestro trago preferido.

 

También su consumo está asociado al de la cocaína, pues esta permite contrarrestar la pérdida de conciencia que las sucesivas rondas van otorgando. Se remedia la dificultad para hablar y falta de coordinación, el mareo y las náuseas se estabilizan, si bien no se recobra la sensatez, podemos continuar la fiesta bebiendo hasta el amanecer. Sólo recalcar que el hecho de poder hacerlo, no significa que sea inocuo, como sucede con los estimulantes (más info en el siguiente artículo), ocupamos las reservas de nuestro organismo. El proceso de volver a llenarlas (“superar la resaca”), es doloroso, a nivel psíquico y físico, por lo que muchas veces recaer en el consumo alivia este malestar e inicia un circulo vicioso.

 

Dentro de la psicología actual, no se cree en nada parecido a la teoría de la puerta de entrada a las drogas. Más valiéndome de esta metáfora, quisiera ilustrar como los niños caen en el cigarrillo, ni siquiera el tabaco, primero desde la imitación, luego el vicio. Con el tiempo participarán de fiestas donde los mismos adultos suministran el alcohol, amparados en la necesidad inconsciente de expandir la conciencia, basados en un conocimiento incompleto sobre el cómo. Celebrando un rito de pasaje de niño a adulto, con el sucedáneo; dando la impresión que miles de años de evolución humana sobre la forma en que se hacen estas cosas estuviesen equivocados. Bajo estas circunstancias surgen las primeras experiencias sexuales de muchos. Luego viene todo lo demás.

Daniel Varas Sepúlveda.
Psicólogo diplomado en psicología positiva.
Fundador centro de concentración y sanación con plantas medicinales “Ojo de Luna”.
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