Las drogas “normales”

Dejar de Fumar es Facil • Junio 04, 2014 • Sin Comentarios

Muchas veces en nuestra cultura, aquello que consideramos “normal”, eso que muchos hacen y el resto tolera sin analizar mucho, y puede ser perjudicial para nuestra salud física y psicológica. Que la norma o mayoría practique ciertas conductas, o que como sociedad concibamos la vida de tal o cual forma, no quiere decir bajo ninguna circunstancia, que estemos observando el “cuadro completo”.

Granos de café

Café

Si bien droga es toda sustancia capaz de tener un efecto fisiológico en nuestro organismo, por lo general entendemos que son sólo aquellas sustancias susceptibles de generar un daño (real o supuesto, pues nuestras creencias y saberes, no siempre se sustentan en un conocimiento bioquímico y farmacológico actualizado). Tendemos a pensar que siempre habrá un deterioro sobre el organismo, debilitará nuestro carácter, y sólo son aquellas que se encuentran fuera del margen de la ley.

Esto nos lleva a dejar fuera de nuestro equipo de “súper villanos”, a sustancias tan inocentes y normales como el café, el azúcar, el chocolate, el tabaco y el alcohol. Todos estimulantes con excepción del alcohol que es un depresor del sistema nervioso central.

Los estimulantes tienen la propiedad de brindarnos energía, algo muy conveniente para el ritmo de vida que llevamos sobre todo en las ciudades, en que necesitamos todo para “ayer” y las fuerzas no siempre abundan.

Esta energía, se obtiene de las reservas que el cuerpo guarda para situaciones críticas, por ejemplo: huir de un depredador, rescatar a un hijo del peligro, defender el territorio, y es la responsable de todas las proezas de sobre – vivencia que ha realizado el ser humano (hambre, sed, temperaturas extremas y largas distancias).

El punto es que cuando estas reservas se agotan, el organismo queda exhausto. Necesita descansar y recuperarse. ¿Qué sucede si utilizamos estas reservas, una y otra vez sin permitir que se re – establezcan?

 

Probablemente por un tiempo tengamos un rendimiento sobre – humano, mas tarde o temprano vendrá el momento de regresar al estado original, y mientras más alto sea el vuelo con estas sustancias, más alta será la caída. Este es el motivo de por qué son tan difíciles de abandonar: la resaca es tan fea o intolerable (ligero o moderado malestar generalizado persistente), que el volver a consumir, alivia al menos temporalmente los síntomas. Así opera a grandes rasgos la adicción a estas sustancias; ahora si las mezclamos con otra clase de drogas como depresores del sistema nervioso central, la deuda energética será mayor.

¿Por qué digo esto? El alcohol por ejemplo, en un comienzo nos desinhibe, haciéndonos muchas veces hablar de más y bajar nuestras barreras, lo que en ocasiones nos lleva a tener relaciones sexuales con personas que usualmente no están dentro de nuestros estándares, tornarnos irritables o agresivos, o simplemente todo es risas. Luego de esto, el cuerpo cada vez más va cediendo ante un estado de sopor, los reflejos disminuyen, es difícil articular un discurso, y si el consumo persiste puede terminar en el coma y la muerte.

La magia de los estimulantes es que revierten este proceso, y permite seguir bebiendo y repetir el ciclo por muchas horas. La mala noticia es que la “deuda” será mayor.

Para eliminar la ansiedad, la sensación de malestar generalizado tras la suspensión del consumo, sólo queda aguantar; el cuerpo ha de desintoxicarse para que vuelva a sentirse como antes, en su estado basal. Por ejemplo, el cigarrillo ayuda a aliviar esta ansiedad (y cualquier otro estimulante: mate, café, té, chocolate, cocaína), más se torna un circulo vicioso, pues necesitaremos muchos cigarrillos o cafés, mientras sigamos abusando de nuestro cuerpo, dañándole por no mirar a largo plazo.

Con esto no estoy escribiendo en contra de disfrutar los placeres de la vida, es más, esto es una parte fundamental de la felicidad. Simplemente hablo de aprovechar realmente estas instancias. Un buen café o chocolate pueden ser increíbles, más el consumo compulsivo hace que perdamos esta pequeña fuente de goce, la trivialicemos y a la larga dañemos nuestro organismo.

Bajo este prisma, las golosinas también son drogas, desde lo que la mayoría entiende por esta palabra. Dar habitualmente dulces ricos en azúcar a los niños para que ‘no molesten’, no es muy distinto de suministrarles cocaína. Guardando las proporciones, ocurren desajustes en el organismo y en la psicología de las personas provocados por estimulantes: se tornan hiper – activas, irritables, disminuye la concentración y a la larga se tornan adictas al consumo (esto sin contar las caries y el sobrepeso).

Este texto, es una invitación a mirar el fenómeno de nuestros hábitos, y comprender lo que sucede en nuestro organismo cuando ingerimos ciertas sustancias. Esto nos permite contar con más información y por ende, observar una mayor superficie del ‘cuadro completo‘. A veces los hábitos destructivos, son señales de alarma de nuestro interior: algo no anda bien. Por esto, sería totalmente conveniente para la felicidad y paz del individuo, hacer algo al respecto: observar cómo me estoy sintiendo, qué me está sucediendo en todos los ámbitos de mi existencia (físico, mental, emocional, social, laboral, espiritual) y cuáles son sus consecuencias para mi vida y mi entorno. Sólo comprendiendo cómo funcionamos en todas estas áreas, gracias a la auto -observación consciente, nos permitirá desarrollar la humildad para reconocer nuestras falencias, mirarlas sin juzgar ni recriminar, y así desarrollar la voluntad para hacer algo al respecto.

 

Daniel Varas Sepúlveda.

Psicólogo diplomado en psicología positiva.
Fundador centro de concentración y sanación con plantas medicinales “Ojo de Luna”.
Dirección consulta: Antonio Varas 175, of. 309, Providencia.
Teléfono: (022) 365 0019 / 9 – 7794944
Correo electrónico: davaras@uc.cl

 

 

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