Raíces antropológicas del uso de las drogas

Dejar de Fumar es Facil • Marzo 25, 2014 • Sin Comentarios

“Porque me parece que entre las muchas cosas excepcionales y divinas que Atenas ha producido y contribuido a la vida humana, nada es mejor que esos Misterios de Eleusis. Porque por medio de ellos, hemos transformado una manera áspera y salvaje de  vida, en el estado de humanidad, y nos hemos civilizado. De hecho, se les llama iniciaciones, por que de ellos hemos aprendido los fundamentos de la vida, y hemos captado la base no sólo para vivir con alegría, sino también a morir con una mejor esperanza” 

Marcus Tellius Cicero de Legibus

En nuestra cultura, muchas veces por curiosidad durante la adolescencia, buscamos probar y experimentar aquellos “placeres” hasta entonces dedicados sólo a los adultos. No sabemos muy bien a ciencia cierta que provocan, ni imaginar lo que nos podría suceder al ingresarlos en el organismo. Sólo vemos que nuestro entorno los usa una y otra vez, con distintos resultados.  Es así como en nuestras sociedades actuales muchos jóvenes caen en el uso (y abuso) de sustancias como el alcohol, el tabaco y los fármacos, por curiosidad.

La siguiente pregunta es curiosidad sobre qué. Sucede que el ser humano, a lo largo de toda su historia, ha guardado una estrecha relación o “alianza” con distintas sustancias capaces de modificar o expandir la conciencia, y han ido dejando este rastro en sus testimonios, tales como su arte, su “cosmología religiosa”, libros sagrados y filosóficos, construcciones de templos (p.e: pinturas rupestres en las cuevas del sur de Europa, las pirámides de Egipto y América).

 

Todos estos testimonios hablan de una dimensión en que el ser humano se comunica con los sagrado, lo trascendente, lo inexplicable, con el gran misterio, Dios, lo que está más allá del pensamiento y las palabras, el reino del vacío, o las distintas maneras en que se ha llamado a lo largo de la historia a este asunto; y los jeroglíficos y dibujos de entidades mitad humanas y mitad animales, conocidas por nosotros como deidades, ninfas, dioses y diosas los habitantes de estos mundos espirituales, de los cuales emanaba todo el conocimiento que inspiraba a estas culturas.

 

El último lugar en occidente donde se celebraron estos misterios fue en Eleusis, una ciudad griega 30 kilómetros al noroeste de Atenas. Testimonios dejaron Platón, Sófocles y Aristóteles; aunque escaso, pues estaba prohibido, so pena de muerte hablar de ellos. Se expandieron al imperio romano y finalmente el año 392 d.c fueron clausurados por el emperador Teodosio I.

 

Ahora, por qué postulamos que el vínculo entre el ser humano y estos reinos espirituales es una sustancia modificadora de la conciencia. Por una parte, esto no ha sido un misterio para aquellos que se han relacionado, ya sea por herencia cultural o por búsqueda personal, con este conocimiento. Por otro lado, sobre todo en occidente, esto a permanecido oculto para la mayoría de las personas, salvo para unos pocos psiquiatras y académicos (Staislav Grof, James Fadiman, Albert Hoffman, Oscar Janiger), que durante los años 60 realizaron diferentes estudios con la dietilamida del ácido lisérgico (LSD) y los procesos de psicoterapia y la creatividad, en los Estados Unidos con muy buenos resultados. De hecho,  William Griffith, el fundador de alcohólicos anónimos, se rehabilitó y concibió el proyecto tras la experiencia. Estas investigaciones fueron detenidas a mediados de los años 70, debido a las políticas de “guerra contra las drogas”,  donde la investigación sobre estos tópicos ha sido obstaculizada y prohibida.

Ya en los años noventa, el médico Rick Strassman en la facultad de medicina de la universidad de New Mexico, en Albuquerque, Estados Unidos, obtuvo un permiso para reanudar la investigación, esta vez con un extracto de dimetiltriptamina (DMT). Más allá de lo innovador de los estudios, lo interesante son los testimonios de los participantes.

  En los diferentes relatos, se puede observar que con frecuencia las descripciones de la estética de las visiones y seres que aparecen en ellas, se asemejan mucho a la representada en el arte religioso y visionario de las distintas culturas y tradiciones al rededor del mundo.

De ahí que se piense que los antiguos utilizaban los estados expandidos de conciencia, a través de sustancias o técnicas (como percusiones, cantos, meditación, danzas), para entrar en contacto con estos mundos más allá de las palabras.

Sobre lo mismo, si observamos tradiciones espirituales que se hayan mantenido casi intactas hasta nuestros días, dado su aislamiento geográfico (desiertos, selvas, ríos, mosquitos), nos encontramos con las tradiciones chamánicas de norte y sud – América. En los diversos testimonios e investigaciones que se han llevado a cabo, el contenido de las visiones y el conocimiento emanado de los trabajos con plantas de poder, se asimila bastante a lo que se narra en los libros y se retrata en el arte de las tradiciones religiosas.

Entender que es a un estado de trascendencia y conexión con lo sagrado o el misterio, lo que buscamos, de forma consciente o inconsciente, cuando consumimos una sustancia, nos ayuda a comprender por qué el mal uso de una sustancia podría provocar adicción, pues si un cigarrillo altera mi conciencia, alivia mi estrés, pero no me conecta con una dimensión espiritual (que como he dicho en otras oportunidades, sólo consiste en estar en una frecuencia de paz y tranquilidad de la mente y el corazón, de satisfacción con la vida, de armonía, bondad y alegría con uno mismo y los demás), podría suceder que de alguna manera me sienta invitado a fumar todo lo que pueda, para ver si de este modo logro la conexión.

La expansión de la conciencia y la percepción, y el desarrollo psicológico que esto trae consigo, se debe a que nos torna flexibles y capaces de adaptarnos sin sufrir ante los rápidos cambios del mundo, y surge de la capacidad de ser capaz de ingresar gran cantidad de novedad en nuestro sistema, para que luego decante poco a poco.

  Si sentimos un llamado o una intuición de que hay algo más en eso de la expansión de la conciencia, ya que por algo esa cerveza, ese destilado y ese cigarrillo, nos guiñan y llaman una y otra vez, y por lo bajo nos provocan un indicio de bienestar, aunque luego todo se obscurece con la resaca del día siguiente, tiempo a la basura, palabras de más y malestar físico, pero de todos modos continuamos haciéndolo, como si algo nos indicara, que de todas maneras “algo de novedad” hay ahí. O acaso esos cigarrillos y alcohol están vacíos de esa riqueza que los antiguos tanto se esforzaron por dejar testimonio y buscamos en el lugar equivocado, sin la guía indicada.

 

(Continuará…)

 

Daniel Varas Sepúlveda.
Psicólogo. Fundador centro de concentración y sanación con plantas medicinales “Ojo de Luna”.
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