La estrategia de reducción de daños

Dejar de Fumar es Facil • Enero 10, 2014 • Sin Comentarios

A la hora de hablar sobre cómo superar las adicciones, entre ellas el abuso del tabaco; por lo general pensamos en estrategias de todo o nada. Esto quiere decir que imaginamos que el no fumar, será de un día para otro y durará para siempre.

 La situación anterior corresponde al ideal, y lo más probable es que conozcamos a alguien que pueda dar fe que esto sí sucede. Sin embargo, hay muchas personas que esto se les hace muy difícil y angustioso, piensan o creen que no serán capaces y por otra parte, recaer es fallar.

Estos enfoques sobre el problema, provienen de la estrategia promovida por Richard Nixon, durante los años setenta de “guerra contra las drogas” y que gran parte del mundo ha adoptado para hacer frente al “problema” desde entonces.

 

Según un informes de la Organización de Estados Americanos (OEA) y otro escrito por una comisión de ex – mandatarios y  funcionarios de organismos internacionales, la “guerra a las drogas” ha fracasado. Pese a la prohibición de muchas sustancias, la persecución policial, la propaganda, la política y modelo de salud de “todo o nada”, y el encarcelamiento de usuarios y traficantes; el consumo ha aumentado, a nivel general sólo existe información prejuiciosa, sesgada y de poca rigurosidad científica, los tratamientos ofrecidos tienen escasa efectividad, no estando muchas veces a la disposición de quien los requiere, y el narcotráfico ha aumentado.

Dado lo anterior, se plantea necesario re – formular el plan para hacernos cargo de este fenómeno. Es así que nace la estrategia de reducción de daños.

En este esquema, lo primero es educar. Entregar información fidedigna y actualizada, sobre cómo funciona nuestro organismo: el cuerpo, la mente, las emociones; los usos históricos, seguros e inseguros de las distintas sustancias, y sus efectos sobre el cuerpo humano.

 

Sí el mercado negro para las sustancias ilícitas ha aumentado, significa que la demanda también ha aumentado. Entre los consumidores, podemos distinguir dos grupos: los que son miembros funcionales de la sociedad (no son delincuentes), tienen su trabajo, son buenos padres/ madres, gozan de salud física y estabilidad psicológica, y el consumo de una sustancia no determina un daño para su salud física o mental.

Por otro lado, están aquellos que si bien pueden tener un trabajo o una familia, ocupan una sustancia o hábito para suplir la falta de sentido en sus vidas o anestesiar la ansiedad y el sufrimiento. Tienden a un consumo compulsivo, acompañado de deterioro de la salud física o psicológica (lo que muchas veces tarda tiempo en hacerse manifiesto). Los que tampoco son delincuentes, sino seres humanos que necesitan ayuda.

El tema a discutir y tratar acá, no es la legalidad o ilegalidad de las sustancias, sino la falta de sentido vital para muchas personas, la carencia de estrategias para lidiar con la angustia, el miedo o la rabia, el desconocimiento de cómo funciona nuestro organismo y lo que necesitamos hacer para que este funcione hacia el bienestar y la salud. Y esto, no se soluciona con policías, represión ni cárcel, sino con el apoyo y cariño de familia y amigos, educación y asistencia psicológica.

Bajo esta nueva óptica, algunas recomendaciones para reducir los daños en los usuarios de tabaco serían:

  • Informarse sobre los efectos del tabaco sobre el organismo y sus usos ancestrales. Como comenté en una publicación anterior , el tabaco no se aspira, pues daña los pulmones y así lo vienen haciendo aquellos pueblos a quienes esta planta ha acompañado por siglos.
  • Si va a consumir tabaco que sea un producto de calidad. Puede ser tabaco para pipa o cigarrillos, orgánico y sin aditivos. Los el tabaco de los cigarrillos industriales está lleno de aditivos y venenos, junto con los anillos de pólvora que trae el papel, similar a la que viene en fósforos y cerillas, para que no se apague y queme parejo.
  • Revisar nuestro hábitos. Cuándo realmente fumamos porque lo disfrutamos, y cuándo lo hacemos para suplir algo de lo que no nos estamos haciendo cargo.
  • Hacer deporte. Es necesario mantener un cuerpo, sano, fuerte y resistente. Hacer actividad aeróbica (correr, bicicleta, nadar) mantiene activo nuestro corazón, mejora la capacidad pulmonar, el sistema inmunológico. Nos hace sentir vitales, con energía.
  • Alimentarse de forma saludable. Lo que comemos, son las materias primas o bloques con que se construirá nuestro cuerpo. Si consumimos alimentos frescos y nutritivos, o llenos de químicos y conservados artificialmente por años, esto es lo que seremos. En este sentido es distinto comer un asado de vacuno en el campo, de un animal que murió hace poco, que otro que lleva meses desde que fue faenado y trasladado de su lugar de origen hasta nuestro plato. La energía (en cuanto a sensación física, mental y emocional) de ambas será muy distinta, les invito a hacer la prueba.

 

Si bien esta nueva forma de relacionarse con una sustancia, no termina drásticamente con una relación de abuso o dependencia, reduce los daños a la salud física o psicológica de las personas. Pues para hacer un cambio radical se necesita mucha concentración, determinación y voluntad. De lo contrario, puede que sólo se ría y justifique su hábito, pasando por alto todo dañino que pueda ser. En estos casos esta estrategia puede considerarse como el primer paso hacia el hacernos cargo, desde la conciencia, de nuestra humanidad.

 

Daniel Varas Sepúlveda.
Psicólogo. Fundador centro de concentración y sanación con plantas medicinales “Ojo de Luna”.
Http://www.ojodeluna.org
Dirección consulta: Antonio Varas 175, of. 309,  Providencia.
Teléfono: (022) 365 0019  / 9 – 7794944
Correo electrónico: davaras@uc.cl

 

 

 

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