Reflexión sobre el sentido

Dejar de Fumar es Facil • Diciembre 13, 2013 • Sin Comentarios

Considerando estás fechas en que culmina un año, para dar inicio a otro. Resultaría provechoso revisar si nuestras metas y objetivos se han cumplido en el presente, y plantear otros nuevos para el ciclo que comienza. Revisar nuestros hábitos: de alimentación, ejercicio, vida saludable, vicios, uso y abuso de tabaco o alcohol, emocionales, mentales, como nos relacionamos con los demás, entre otros; e ir reconociendo aquellas áreas en nuestra vida, que se beneficiarían de una toma de conciencia. Esto permite poder hacer algo al respecto.

 

Es interesante revisar la relación que tenemos con ciertos productos como el alcohol, los “endulzantes”, azúcares, grasas y sal. Puede que muchas veces no lo notemos, nuestro cuerpo está habituado a su uso, y al suspenderlo protesta como lo hace con cualquier síndrome de abstinencia a drogas en cuanto a lo físico, mental o emocional. Mucho del malestar que tenemos en nuestra vida cotidiana, deriva de las cosas con que nos alimentamos. Al igual que un medicamento, cada ingrediente tendrá una efecto único en nuestro organismo, unos potenciando y otros debilitando.

Respecto al consumo de carne, el tiempo que lleva muerto animal y la clase de vida que tuvo, serán pistas reveladoras de la calidad del producto y sus efectos posteriores sobre el organismo.

Si consideramos que existen cosas que mejorar, sería útil elegir alguna de ellas como meta y hacer algo para alcanzarla durante el nuevo año. En este caso los invito a revisar, si sienten que tienen una relación de amor / odio con el cigarrillo, y ya han notado los efectos dañinos de su hábito en su vida: menor capacidad física, ansiedad, malos olores, falta de libertad entre otras, sería una buena ocasión para dar comienzo a un camino que nos lleve a recuperar ese control perdido en nuestra vida y los demás beneficios de liberarnos de un hábito.

Una vez que hemos “limpiado” nuestro cuerpo, mente y emoción de los antiguos patrones y hábitos, se dice que ampliamos nuestro campo de conciencia. En otras palabras seguimos viviendo la misma vida, sólo que libres del sufrimiento psíquico y físico, consecuencia de las antiguas conductas, y surge un nuevo espacio para disfrutar la vida y ser feliz. Una vida plena y con sentido.

Y, ¿qué es el sentido? Con dificultad alguien podría contestar esta pregunta por nosotros mismos, pues es una respuesta que viene de lo más íntimo y profundo de nuestro ser.

Luego, es necesario saber: ¿Qué es lo que nos hace felices o plenos? Esta respuesta también dependerá de cada quién, por lo que será mejor preguntarnos: ¿Cuándo somos felices?

  Por lo general cuando compartimos con quienes amamos, disfrutamos de los buenos momentos que nos otorga la vida, dedicamos un tiempo a cuidarnos físicamente, hacer deporte, comer de forma saludable, nos sentimos agradecidos por las cosas que nos entrega la vida o los demás, ayudamos a otros, vibramos con nuestro trabajo o dejamos de lado el rencor hacia aquellos que nos han dañado en el pasado.

Esto se relaciona con el “fluir”, es decir perder la noción de uno mismo y el tiempo, de la mente y el juzgar todo (el tiempo pasa rápido y nos sentimos a gusto haciendo lo que hacemos), y concentrarnos alegremente en aquello que estamos realizando. Desde esta perspectiva, todo adquiere un nuevo sentido, pues si aplicamos esto a nuestro trabajo o nuestras relaciones, ya no será la antigua noción de trabajo o relaciones, sino algo más cercano al placer que obtienen los niños al jugar.

Si logramos llevar está tendencia a todas las áreas de nuestra vida, podríamos decir que estamos fluyendo y disfrutando nuestra vida. De esto emana el sentido y lo que nos conecta con dimensiones más espirituales de la existencia, que a diferencia de lo que popularmente se piensa y confunde con sólo decir palabras bellas o vestir de blanco y comer vegetariano; consiste en vivir la propia vida desde el amor, la paz, el entendimiento, la compasión, el perdón, el disfrutar de la vida y compartir esta alegría con las personas que nos rodean, así le damos un sentido a nuestro trabajo, y vibramos con este, pues lo entendemos como el niño comprender el juego, tenemos concentrada nuestra mente y emoción, por lo cual no nos atormentan sus preocupaciones sobre el pasado o el futuro, agrado o disgusto, o las manifestaciones físicas desagradables de las emociones: ansiedad, palpitaciones, sudoración, sequedad de boca, opresión de pecho, manos y pies fríos, temblores.

¿Qué nos hace perder el sentido de nuestra vida?

El vivir en estas sociedades “aceleradas” y en que todo es “para ayer”, muchas veces nos vamos desconectando de aquello que nos llena y hace sentir plenos: disfrutar de un atardecer, comer saludable, contactarnos con la naturaleza, compartir con nuestras amistades o hacer aquello que nos llena y que por falta de tiempo no hacemos: deporte, arte, música.

Además, por la falta de tiempo caemos en rutinas mecánicas, en que nos alimentamos de lo más rápido, en lugar de lo más nutritivo, utilizamos el cigarrillo para lidiar con la ansiedad y el estrés, consumimos programas de televisión o revistas en que se nos habla de la vida de otros, y que nos invita a envidiar aquello que no tenemos y comprar eso que no necesitamos, y que de alguna manera llenará por un breve periodo ese vacío que genera la ausencia de sentido en nuestras vidas.

Es un camino lento y difícil hallar el sentido de nuestra vida, salir de los hábitos automáticos y re – tomar el control sobre nuestra vida y la satisfacción de nuestras necesidades, mas las recompensas serán de igual magnitud.

Al ser libres de todo esto, es que tenemos el espacio y el tiempo para vivir de otro modo. De alguna manera, siempre quisiéramos arreglar todo lo que no nos parece estar en su lugar fuera de nosotros, e ignoramos que sobre el / la único (a) que podemos hacer algo al respecto y cumplirlo, es sobre uno (a) mismo (a), pues todo depende de cada quién.

Por lo que la invitación del comienzo para elegir metas para este nuevo año, es una oportunidad para conectarnos con ello. A reconocer aquello con lo que no estamos satisfechos y hacer algo al respecto, para desarrollarnos y evolucionar espiritualmente, y así, el día de mañana ser una mejor versión de nosotros mismos.

 

Daniel Varas Sepúlveda.
Psicólogo. Fundador centro de concentración y sanación con plantas medicinales “Ojo de Luna”.
Http://www.ojodeluna.org
Dirección consulta: Antonio Varas 175, of. 309,  Providencia.
Teléfono: (022) 365 0019  / 9 – 7794944
Correo electrónico: davaras@uc.cl

Categories Actualidad Psicología

About Author

Dejar de Fumar es Facil

You May Also Like