Testimonio: Imitemos

Dejar de Fumar es Facil • Julio 08, 2013 • Sin Comentarios

¿IMITEMOS?

Este texto fue enviado por Osvaldo Martínez, soporte técnico Apple de Maccare.cl.

 

El Inicio

Yo comencé a fumar a los 14 años.  Recuerdo que fue por imitación. Imitando a mis papás!, siempre los veía fumar y pensaba de manera muy errada: “Debe tener algo bueno esto!; ¿si ellos lo hacen todos los días y a cada rato? Debe ser agradable!”.

Una fría tarde de invierno, en Julio de 1993, volvía del colegio con un amigo de invitado en la casa. Le pregunto: –¿Has fumado? A lo que me responde – Nunca. Le propuse sacar un cigarrillo de la cajetilla de mi mamá: Hilton 100, mi papá fumaba Lucky Strike sin filtro, sabía que moriríamos al primer intento. Fuimos al patio trasero, y con un fósforo encendí lo que fue el primer cigarrillo de mi vida…sin aspirar el humo, sólo pretendiendo que encendiera en ese patio frío y húmedo.

Al aspirar por primera vez, sentí el calor al entrar por la boca y sentí particularmente su paso por la garganta, un tanto áspero, que provocó (como a casi todos los que lo intentan por primera vez) una tos compulsiva que me costó un rato detener.  Mi amigo, hizo también un intento que fue igual de fallido que el mío. Mientras tanto, sentía en mis ropas como se impregnaba el olor al humo, y pensaba que era imposible que no me descubrieran más tarde, considerando que mis papás eran “expertos” fumadores. Creo que nos fumamos la mitad del cigarro. Y nos sentimos otras personas, a esa edad, probablemente nos juramos más grandes y maduros…un quiebre entre lo que fuimos y aquello en lo que nos estábamos convirtiendo: Hombres. Escondimos las evidencias, y entramos a la casa nerviosos, pensando que seríamos descubiertos, que no había opción, pero nada pasó. Mis papás no dijeron nada, ¡no notaron nada! y la vida siguió normalmente. Excepto, claro, en nuestras mentes culpables.

 

Continuidad

Durante los años siguientes, fumé siempre desde la salida del colegio a la casa, en el camino. Llevaba mi cajetilla de Lucky Strike Light en el bolsillo interno de mi parka Montaña que usaba para el colegio.

El cigarro era sólo una compañía, estaba inserto en mi familia por lo que no le atribuía poderes especiales. Excepto en las fiestas: Podía fumar tranquilo consolándome que me serviría para pasar la noche sin aburrirme, ya que bailaba muy poco y mal y era muy tímido para sacar a bailar.  A los 17, recuerdo que dejé de fumar por 11 meses, debido a que estaba pololeando, y por respeto a esa polola, debía intentarlo. Duré eso…y recaí.

Desde los 17 a los 34 fumé sin interrupciones. Siempre tenía mi cajetilla en algún lado, no podía faltar antes de salir, de ir a una fiesta o de un cumpleaños. Era parte de mi, e incluso me identificaba antes los amigos y conocidos. Yo siempre tenía cigarrillos, por lo que podían recurrir a mi en caso de emergencia.

 

Dejarlo

En Julio de 2012, me enteré de la mejor noticia del universo: ¡¡Sería papá!! y eso obligó a que mi señora dejara de fumar y los espacios dentro de la casa se redujeran, primero:  a la cocina con la puerta cerrada y más tarde simplemente al balcón (y era pleno invierno). Pasaban los días y me sentía cada vez más estúpido saliendo a fumar afuera: congelado de frío y ganándome resfríos gratuitamente sólo por 1 cigarro.

 Finalmente me aburrí. Consideré que era una estupidez realizar todo ese ritual para fumar 1 maldito cigarro. Ahora TODAS las señales estaban apuntando hacia un camino más adecuado. Mi hija estaba en camino, mi señora ya no fumaba. ¡Sólo faltaba que lo dejara yo! Y bueno, simple: Lo dejé.

¿Y saben? Estoy inmensamente feliz de que en mi casa ya no exista el olor a humo. Me siento orgulloso de que mi hija haya nacido y viva en un ambiente libre de humo de cigarro.  ¡¡Y lo mejor, mejor de todo!! es que mi hija, cuando tenga esos mismos 14 años, si decide fumar, no tendrá como motivo principal, imitar a su madre ni a su padre… Y eso señores, no tiene precio.

=)

¡Un abrazo para todos!

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