Sufrimiento, pensamiento y respuestas automáticas

Dejar de Fumar es Facil • Mayo 31, 2016 • Sin Comentarios

El sufrimiento es un tema que nos toca a todos. Está claro que en esta existencia la mayoría de las cosas conllevan sufrimiento o dificultades: cuando nacemos, nos preocupa crecer y que nuestras necesidades básicas estén cubiertas; al crecer, el convertirnos en un ser humano estable y suficiente; al enfermar la falta de salud; al envejecer el deterioro del cuerpo y las funciones vitales; y al morir, el no haber hecho todo lo que queríamos, perder nuestros bienes y seres queridos. También nos genera dolor alejarnos de lo deseable o acercarnos a lo indeseable.

Duhkha es el término usado en la filosofía budista para este asunto, y existe una manera para liberarnos de esto, si bien muchas de las condiciones dadas por la existencia del cuerpo son inevitables, la tensión psicológica que nos reportan es evitable (ver artículo)

En nuestra cultura esta tan sobre valorado el uso de nuestra razón, que le utilizamos para responder ante las adversidades que la vida nos genera, en lugar de hacer algo al respecto.

La mente es una excelente herramienta para diseñar un proyecto, recordar una dirección, practicar ejercicio o un instrumento musical, desarrollar un arte, realizar operaciones matemáticas, leer o escribir, mas no es un instrumento por si mismo para resolver la situaciones que la vida nos va planteando. Por ejemplo, si tengo que ir al supermercado porque el refrigerador esta vacío, de nada servirá pensar recurrentemente sobre el tráfico que habrá, el cansancio que tengo o si no tengo dinero. En caso de no tener dinero, tendría que conseguirlo, no pensar en conseguirlo; en caso de tenerlo, solo queda ir y conseguir lo que se necesita, en otras palabras hacer, no pensar.

Muchas veces pasamos horas pensando sobre lo que no hemos hecho, o lo que necesitamos hacer y perdemos mucho tiempo y energía en ello, fenómeno conocido como “rumiación”. Sin contar que los pensamientos gatillan emociones en nuestro organismo. Dicho de otro modo, se liberan hormonas en nuestra sangre que nos harán sentir rabia, temor, tristeza o ansiedad; para luego actuar en concordancia con ellas, lo que estrecha la gama de respuestas posibles. Es diferente resolver un problema cuando se está tranquilo, enojado o triste. (más información: http://www.dejalo.org/2014/07/08/raices-emocionales-de-la-adiccion/ ; http://www.dejalo.org/2014/08/12/modos-emocionales/ )

Para limpiar nuestro organismo de estás hormonas o estados emocionales, le tomará a nuestro cuerpo entre dos o tres horas, sin considerar que si seguimos pensando sobre lo que nos aqueja, se liberarán más hormonas, pudiendo este estado de ánimo volverse crónico, agotando nuestra energía vital y turbando nuestra mente. Con el tiempo el cuerpo puede empezar a debilitarse y enfermar. Hay estudios que correlacionan por ejemplo la ira con un aumento de las enfermedades cardíacas, las tristezas con el cáncer y el estrés con trastornos del sistema inmunológico.

¿Qué hacer?

Comenzar a cambiar los hábitos, en lugar de responder ante las adversidades con el pensamiento; hacerlo con la respiración, traer la atención al presente, tomar aire y decir: “estoy inhalando”; botar aire y decir: “estoy exhalando”. Luego observar y escuchar; tomar una decisión y actuar. Si nos ocurre algo manejable, hacer lo que esté a nuestro alcance para remediar la situación. Si sucede algo inmanejable, tomar un tiempo para descansar y recuperar fuerzas, mañana será un nuevo día y la vida continúa.

Cabe señalar que este trabajo no es sencillo, pues hay que instaurar un nuevo hábito, y por lo general todo lo que hemos aprehendido por años en nuestra cultura nos lleva a hacer lo contrario. Por otra parte sólo se trata de tiempo y práctica; del mismo modo que si buscamos fortalecer un músculo de nuestro cuerpo, debemos hacer repeticiones con cierto peso. Para fortalecer nuestra atención, la repetición consistirá en traer la conciencia a la respiración cada vez que nos percatemos que estamos pensando antes de que se genere una emoción. En lugar de frustrarnos o sentirnos culpables por no poder dejar de pensar, utilizarlo como una alarma que indica que nos hemos desconcentrado. Eso es lo que hace la mente: pensar, si no piensa nada provechoso para nosotros, al igual que una radio en comerciales, hemos de bajarle el volumen.
Esta es la práctica de meditación más sencilla y nos ayuda focalizarnos en el aquí y ahora, dejando pasar pensamientos y emociones aflictivas, para así tener mayor libertad y capacidad de actuar en concordancia a lo que nos sucede y con mucho menor sufrimiento. Recordar que esto es sólo el principio.

Daniel Varas Sepúlveda.
Psicólogo diplomado en psicología positiva.
Fundador centro de concentración y sanación con plantas medicinales “Ojo de Luna”.
Monje Zen.
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Dirección consulta: Antonio Varas 175, of. 309, Providencia.
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