Testimonio: Comencé a fumar de la manera más tonta

Dejar de Fumar es Facil • Marzo 19, 2016 • Sin Comentarios

Paula, es una diseñadora gráfica, que vive en Santiago y quiso enviarnos su testimonio. Su relato ha sido respetado tal cual, salvo algunas correcciones menores para la redacción.

Si quieres compartir tu testimonio de cómo pudiste dejar de fumar, envíanos un mail a hola@dejalo.org

 

.

Inseguridades

Comenzar este post me ha costado varios intentos, imagine conmigo, querido lector,  un montón de hojas arrugaditas mientras saco otra página y empiezo de nuevo, bueno, eso pero virtual, lleno de pantallas arrugadas a mi alrededor. Este es un post respecto a dejar de fumar y teóricamente debiera ser fácil: “fumé un montón de años y lo dejé y ahora mi vida es feliz…” pero hay muchas capas intermedias, por qué enviciarte, por qué tomar consciencia, por qué dejarlo… y aquí estoy, confesando mis inseguridades.

Cuando éramos chicos yo tenía asma, usaba mi inhalador frecuentemente y con mi hermano mayor solíamos aparecernos en los cumpleaños de mamá o papá para pedirle a los adultos que no fumaran en nuestra casa, y en los 80’s eso no era habitual, ni educado… estos mocosos avergonzándonos, pidiéndonos que renunciemos a nuestros cigarros, ¡habráse visto!. En mi casa se fumaba poco y nada (y agradezco profundamente ese ejemplo) pero fuimos criados en la época que lo que decía o hacia el adulto era ley, y así, nos pasó muchas veces como a todo coetáneo convivir con el humo en el ambiente.

El inicio

Comencé a fumar de la manera más tonta y “ssshora” del mundo, por pertenecer. Dentro de mi grupo scout estaban las niñas que fumaban y las que no, como vil película gringa, en nuestra adolescencia replicamos el grupo de los cool y los wannabe y uno tanto quiere ser apreciado que cae en tonteras como adquirir gustos ajenos para estar con las que en pleno campamento se escapan a fumar al lado del río… porque es sshoro, porque es de grandes… mi primer cigarro fue un Advance y claro, como de chico uno no tiene plata a su haber deambulé entre las marcas más malas y de vez en cuando me daba un gustito comprando alguno mejor. El cigarro se convirtió en un amigo cuando tenía pena y el hecho de fumar me consolaba, en mi almuerzo universitario cuando no había tiempo para nada más, en mi compañero de carrete porque ¡pucha que es rico conversarse un cigarrito!, en mi guatero porque es cosa de sentir frío y el comportamiento adquirido es pensar “uuuyyyy me fumaría un cigarriiito”, en un escudo cuando en mi incómoda adolescencia desadaptada me escondía tras el pucho, tenía al menos una conversación asegurada (si llamamos conversación al “préstame fuego”) y si, no fue tan terrible como suena, pero era inseguuuuuraaaaaaa y el cigarro era mi mantita de Linus. Fumé desde los 14 años en períodos más o menos tóxicos, a veces una cajetilla me duraba la semana (el fin de semana nunca logré que me sobraran cigarros, fui la definición literal de una fumadora social), otras veces la cajetilla me duraba 2 días, sobre todo con las entregas de taller de diseño, las amanecidas maqueteando y vamos fumando, uno tras otro, sin disfrutarlo, solo porque los tenía.

Alguna vez cerca de los -20 y algo- quedé mirando el cigarro que había prendido automáticamente por seguir la rutina almuerzo-café-cigarro y se vino a la cabeza el pensamiento ¿¡¿cuándo lo prendí?!?. Decidí que el siguiente cigarro que prendiera sería cuando realmente tuviera ganas de fumar… y siendo súper consciente pasaron 5 ó 6 meses, ésa fue mi primera señal de entender que no era “una necesidad”, para un no fumador me imagino que debe ser difícil empatizar con esa idea, pero debe ser lo mismo que a mí me pidan que empatice con la mujer que no puede salir sin chantarse los tacos de 15 cms. solo imagínelo, cuesta. Pero seguí fumando, fumé un montón de años más y entremedio conocí aun hombre maravilloso que despertó muchos intereses en mí que había dejado de lado por esa inseguridad de ser parte del grupo, comencé a desarrollar más mis gustos personales y con eso el hacer ejercicios llegó a mi vida, no a nivel pro pero lo suficiente como para ir de excursión y llegar viva y no con ataque de asma a la cima y claro, me di cuenta de lo mal que estaba mi estado físico y la diferencia que se hacia en mi cuerpo si me lo había fumado todo el día antes.

El momento clave

Con él me casé y seguimos fumando, ambos y mucho… y cuando algo nos dijo “ya es tiempo” cambiamos muchos hábitos, queríamos ser padres, queríamos ser padres responsables, y mis dosis de alcohol bajaron a niveles de “señorita bien portada”, aumenté la cantidad de ejercicios y creo que leí cuanto libro existiera de maternidad… ¡pero no podía dejar el cigarro! Patético, fumaba poco, me empecé a poner reglas:  no fumar durante el día, no fumar durante la semana, pero ¡¡cuidado pulmones pasivos si andaban cerca mío el fin de semana!!  Ahí estaba yo prendiendo uno y otro y otro después, el encasillarse como “viciosa” no es fácil ni alentador… además yo fumaba mucho menos que el resto pero recuerdo ir camino a la casa de alguien que no fumaba, donde estaba prohibido prender un cigarro y pasar a comprar sólo para saber que tenía los cigarros en la cartera… ése fue el punto más bajo de ¿tan mal estoy? ¿tanto lo necesito?.

El inconsciente es sano, más sano que mi consciente y mi fuerza de voluntad, poco a poco el cigarro me fue dando asco, y es que algo pasaba: ¡estaba embarazada!  Tuve de ésos embarazos de teleserie:  con mareos, con vómitos y con asco a muchos olores, el cigarro afortunadamente fue uno, durante el embarazo no soporté el olor y después de que nació mi doñita, tuve que sacarme la venda de los ojos, no hay período más fuerte y necesario para madurar que la maternidad, éste es el cuándo, no puedo volver a fumar, no puedo hacerle eso a mi hija, y es que uno empieza a ser ejemplo y aunque me han dado muchas ganas muchas veces, aunque he pedido literalmente a gritos un cigarro en medio de una discusión (que afortunadamente no había) simplemente NO VALE LA PENA, esta soy yo, con defectos y virtudes que no van a cambiar por un cigarro, con inseguridades maternas y con conflictos de pareja que no van a cambiar por un cigarro, con cansancio y con conversaciones entretenidas que no van a cambiar por un cigarro… no vale la pena.

 

Ayer salimos extra tarde camino a la pediatra (que está relativamente cerca, 15 minutos a pie), pero tenía 8 para llegar, monté a doñita en su coche y partí dejando de lado todo tipo de glamour corriendo con el coche… ella reía feliz y gritaba “¡¡apidooo apidoooo!!” no voy a mentir, quedé molida porque hace tiempo no hago ejercicios pero llegué en 6 minutos, no tuve ataques asmáticos (que conservé en la vida adulta cada vez que me resfriaba y obviamente no dejaba de fumar) y mi hija reía… cualquiera podría entender esa idea tan simple: pude hacer feliz a mi hija con algo tan simple y pequeño que sé, no hubiese podido hacer si mantenía mi estilo de vida anterior, ver las paletitas de mi hija riendo y diciendo ápido… no hay nada que le gane a esa imagen.

Categories Testimonios

About Author

Dejar de Fumar es Facil

You May Also Like

No Comments