Lo espiritual: la historia del Buda.

Dejar de Fumar es Facil • Noviembre 12, 2015 • 1 Comentario

El budismo es una doctrina filosófica y religiosa no teísta, esto quiere decir que no se venera ni sigue a ningún Dios o personaje. Fue fundado en la India en el siglo VI a. C. por Buda Gautama, y abarca una variedad de tradiciones, creencias y prácticas espirituales basadas en sus enseñanzas.

¿Quién fue el Buda Gautama?

Originalmente llamado Siddharta (el que logra su propósito) Gautama, es hijo de Sudodana, jefe de la nación Sakia, y la reina Mayadeví.

Diez meses antes de nacer, su madre tuvo un sueño en el que un hermoso elefante blanco le ofrecía una flor de loto, y luego ese elefante entraba por un costado de su cuerpo. Los sabios predijeron que daría a luz un hijo destinado a ser un gran gobernante o un hombre santo (sadu). Algún día conquistaría el mundo o se convertiría en un iluminado.

Tras su nacimiento, su madre muere, por lo que Siddharta fue criado por su tía materna Mahapajapati Gotami. Su padre deseaba que se convirtiese en monarca, e intenta protegerle de las enseñanzas religiosas y el conocimiento del sufrimiento humano (Dukah).

Es así que durante 29 años vivió como un príncipe, su padre intentó otorgarle todo lo que podía necesitar o desear, sin embargo el futuro Buda sintió que la riqueza material no era el objetivo final de la existencia.

Pese a los esfuerzos de su padre, el príncipe conoce a los enfermos, los ancianos y el sufrimiento, un día que dejó el palacio para reunirse con sus súbditos. Durante su trayecto vio a un hombre viejo. Su cochero, Chana, le explicó que es el destino de todos los seres vivientes. Esto inspiró nuevas salidas donde encontró a un hombre enfermo, un cadáver en descomposición y un asceta. Estos cuatro encuentros le deprimieron y llevaron a proponerse encontrar una forma de vencer el sufrimiento de la condición humana.

 

Tras ello, Siddharta decide renunciar a todo, dejar el palacio e iniciar una vida ascética pidiendo limosna en las calles, hecho conocido como la gran renuncia. Comenzó practicando meditación yoga bajo la guía de dos maestros anacoretas. No obstante, Gautama se sintió insatisfecho con la práctica del yoga, este no respondía a sus inquietudes espirituales, y buscó otro mentor con quien aprende diferentes técnicas de meditación, alcanzando profundos estados de conciencia; lo que tampoco resolvía el asunto del sufrimiento.

Finalmente se volvió un asceta, e intentó lograr el despertar mediante la privación y el castigo del cuerpo, despojándose de todo bien material y alimento en la práctica de la mortificación. Pensando que conseguiría la serenidad y sabiduría que estaba buscando. Llegó a estar en los huesos pues no ingería prácticamente ningún alimento, salvo una nuez por día. Un día cuando fue a bañarse, le han faltado las fuerzas y se desplomó estando a punto de morir ahogado. Lo sucedido hizo que reconsiderara su camino hacia la iluminación. Mientras se recuperaba, afloró un recuerdo de su niñez donde ve a su padre arando el campo, recuerda el mundo tan perfecto tal como era, logrando un estado concentrado, atento, satisfecho y refescante: el dhyana. Se sintió alegre y pensó : – no puedo sostener esta sensación de alegría sino he comido nada, debería comer algo – , en ese mismo instante apareció misteriosamente una muchacha del pueblo llevando un cuenco de arroz, y ella dijo ;– aquí, come”.

 

Luego de este acontecimiento aprehendió dos cosas:

  • La mortificación extrema no conducía a la liberación del sufrimiento.
  • Llegado a un cierto nivel de instrucción, ningún maestro era capaz de ayudarle a ir más allá.

 

En su búsqueda, del mismo modo que un sitar (instrumento de cuerdas), cuando una cuerda está muy tensa, se corta; y cuando está muy floja no suena. Ha de estar tensada en su justa medida para que entregue música y armonías. Se decidió a no seguir buscando la verdad en fuentes externas, y mirar su interior; comprendió el camino medio: la justa medida entre el hedonismo y la austeridad excesiva.

 

Una noche de luna llena, Gautama se sentó a meditar bajo el árbol Bodhi, la famosa “higuera sagrada”, prometiendo levantarse sólo tras hallar la respuesta para la liberación del sufrimiento. Pasó varias semanas bajo este árbol, y un día, al inicio de una gran tormenta, de sus raíces surgió Mucalinda, el rey de los nagas cobra, y se enroscó alrededor de Gautama y le cubrió con su capa.

Mara, rey de los demonios, sabe que Siddharta se acerca al verdadero despertar y busca perturbarlo. Envía a sus demonios a tentarlo: la sensualidad, los placeres, la aversión, el hambre, la sed, el deseo, la pereza, la cobardía, la duda, la hipocresía y la alabanza de uno mismo. El futuro Buda no se inmutó. Por lo que ahora envía a sus tres hijas a seducirlo sexualmente; tampoco lo logran.

Molesto ante su auto – control exclama: – “El trono de la iluminación me corresponde a mi”, a lo que sus demonios responden: – “¡Yo soy tu testigo!” e interroga a Gautama: – “¿Quién hablará por ti?” Este, conservando su postura de meditación, toca con su mano derecha la tierra. Esta tiembla, se abre y aparece la diosa Tierra. Estruja sus cabellos y el agua se lleva a los demonios.

 

Tras 49 días, a sus treinta y cinco años de edad, logró alcanzar el estado bodhi (despierto) y se hace consciente que se ha liberado. Dicen que cuando el Buda se iluminó, la tierra tembló, el cielo se estremeció y del árbol Bodi llovieron flores. – Ahora estoy en paz – sintió el Buda. A partir de entonces, sería conocido como “el Buda” (el despierto).

En el momento de su despertar, se le reveló la visión completa sobre la causa del sufrimiento, y las medidas necesarias para eliminarlo. Estos descubrimientos fueron conocidos como las “Cuatro Nobles Verdades” y son el corazón de las enseñanzas budistas.

 

Libre de las ilusiones de un falso yo (Anatman), se encontró más allá de la dualidad del apego y la repulsión. A través de la maestría de estas verdades, un estado de liberación suprema o Nirvana, es posible para cualquier ser. El Buda describió el Nirvana como la paz perfecta de una mente que está libre de la ignorancia, la codicia, el odio y otros estados emocionales aflictivos.

Finalmente, el Buda reflexionó si debía o no enseñar sus descubrimientos a los demás. Le preocupaba que los seres humanos estuvieran tan dominados por la ignorancia, la ambición y el odio, que nunca podrían reconocer este camino sutil, profundo y difícil de entender. Finalmente se convenció que con al menos uno que comprendiera sería suficiente y accedió a enseñar.

 

Daniel Varas Sepúlveda.

Psicólogo diplomado en psicología positiva.
Fundador centro de concentración y sanación con plantas medicinales “Ojo de Luna”.
Monje Zen.
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