Lo Espiritual

Dejar de Fumar es Facil • Octubre 27, 2015 • Sin Comentarios

Cuando hablamos de espiritualidad por lo general nos imaginamos a un gurú vestido de blanco en postura de meditación, o a un monje en un monasterio, o bien lo asociamos con los grandes personajes de los libros sagrados: Jesús, Buda, Krishna o Mahoma y sus enseñanzas; muchas veces lejanas a nuestras ajetreadas vidas en las urbes modernas.

Básicamente la espiritualidad se relaciona con la conciencia sobre nosotros mismos, ese es su punto de partida, pero a ¿qué debemos prestar atención?

– Las emociones: Son respuestas de nuestro organismo frente a estímulos externos o internos. La rabia, ansiedad, miedo, tristeza, paz, amor, alegría, esperanza. ¿Cómo influyen en mi comportamiento, toma de decisiones y estado de ánimo? ¿Cuál es mi emoción predominante?

– La mente: Se refiere al pensamiento, a las ideas que habitualmente llaman nuestra atención, preocupaciones, recuerdos, fantasías, juicios y pre – juicios. Por lo general olvidamos que los desafíos y adversidades de la existencia, si bien requieren una planificación previa, no se resuelven pensando sino haciendo. ¿Cómo es nuestro pensamiento habitualmente? Pensar reiteradamente sobre un tema o asunto particular, despertará en nosotros cierta clase de emociones, lo cual puede nublar la razón o bien darnos la tranquilidad para actuar en concordancia a los requerimientos de la situación.

– El cuerpo: Darnos cuenta sobre la situación actual de este y cómo podemos hacer para cuidar de él. ¿Está tenso o relajado? ¿Tengo frío o calor? ¿Presto atención a la información proveniente de los cinco sentidos? ¿Cuál es mi sentido predominante? ¿Me alimento de forma balanceada? ¿Está sano y fuerte mi organismo? ¿Qué hábitos tengo que deterioren mi salud?

Estas tres dimensiones no operan por separado; se inter – relacionan e influencian unas a otras. Por ejemplo, si mi cuerpo duele, es probable que mi pensamiento esté inquieto, y a la vez, este despierte emociones como el miedo o la ansiedad, afectando al cuerpo: tensión en los hombros, opresión en el pecho y garganta, sudoración. Si este ciclo se mantiene en el tiempo, es posible que surjan enfermedades físicas crónicas: fibromialgias, enfermedades cardiacas, auto – inmunes, etc.

Entonces, lo espiritual no es algo que este afuera de nosotros o que haya que ir a buscar en alguna parte, sino algo muy íntimo y personal. De nuestro estado interno surge la forma en que nos relacionamos con nosotros mismos y los demás, afecta la calidad de nuestras relaciones humanas y con el entorno.

En palabras del psicólogo suizo Carl Jung, “Uno no alcanza la iluminación fantaseando sobre la luz sino haciendo consciente la oscuridad; lo que no se hace consciente se manifiesta en nuestras vidas como destino”. Existe una gran diferencia entre vivir con respeto por nuestro ser y lo que nos rodea, versus a vivir desde la inconsciencia, lo que nos lleva a interpretar las adversidades como mala suerte, obviando la responsabilidad que tenemos en ello. Cabe señalar que existen situaciones que damos nuestro cien por ciento y no resultan como queremos, más este no es el caso. Hay que comprender los errores como instancias con un gran potencial de crecimiento y aprendizaje, para así no repetirlos. Aunque este no es un proceso de un día para otro, es lento, a velocidad planta.

Por otra parte, nuestra cultura nos ofrece escasas oportunidades para desarrollarnos espiritualmente a lo largo de la vida, y las instituciones que deberían hacerse cargo de ello, carecen de las herramientas prácticas para llevarlo a cabo. Sería muy distinto si existieran instancias que se hicieran cargo de ello desde la infancia, por ejemplo enseñar inteligencia emocional, alimentación saludable o meditación en las escuelas.

La crisis ecológica y existencial que vivimos en estos días, es producto de la ignorancia respecto de estos tres ámbitos de nuestra propia vida: cuerpo – mente – emoción; y el viejo dicho ‘conócete a tí mismo’, que viene desde la antigua Grecia su solución.

Mientras tanto, lidiamos con la angustia y el vacío lo mejor que podemos: drogas, alcohol, compras, televisión, dulces, comida o relaciones compulsivas. No obstante, luego de un tiempo, intuimos que hay algo mucho más profundo de lo que no nos estamos haciéndonos cargo, más no sabemos cómo.

Sólo comprendiendo profundamente nuestro ser, es que nos volvemos seres espirituales: humildes, respetuosos, que viven en armonía y se relacionan desde el amor.

Daniel Varas Sepúlveda.
Psicólogo diplomado en psicología positiva.
Fundador centro de concentración y sanación con plantas medicinales “Ojo de Luna”.
Monje Zen.
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Dirección consulta: Antonio Varas 175, of. 309, Providencia.
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