Espiritualidad: La Muerte

Dejar de Fumar es Facil • Octubre 27, 2015 • Sin Comentarios

Si consideramos lo espiritual como la vida desde una conciencia ampliada que toma en consideración cuerpo – mente – emociones; hemos de hablar de la muerte. Por lo general en nuestra cultura, este no es un asunto recurrente, no hay un espacio para hablar de ello, y la mayoría del tiempo estamos eludiendo el tema.

Llegamos a esta existencia en una inhalación, el soplo de vida del que hablan los antiguos, y nos vamos en una exhalación. Entre estos dos hitos, contamos con un número gigantesco, pero limitado de respiraciones. Es quizás por esto que creemos que tenemos tiempo de sobra y nos damos el lujo de dejar todo para mañana o el mes que viene: llamar a ese amigo, decirle a nuestros padres o hijos que los amamos, hacernos cargo de nuestra vida (cambiar hábitos nocivos), etc.

No es hasta el momento en que sufrimos un accidente repentino o una enfermedad fulminante, que tomamos conciencia sobre este fenómeno.

¿Qué sucede en la muerte?

De lo que podemos saber, el cuerpo se vuelve materia y nuestra conciencia se funde o se diluye en algo más, como sea, la vida como le conocemos se desvanece. En ese momento nos acordamos de Dios o como sea que le llamemos a la energía que sostiene la creación y rogamos por un par de respiraciones más, y valoramos el regalo de la existencia, la salud y a nuestros seres queridos. Con frecuencia, las personas que han vivido experiencias cercanas a la muerte, regresan con un agudo sentido de aprecio para esto que en lo cotidiano nos parece tan simple, tanto así que pasa desapercibido.

Como decía un maestro zen, “el ego desprecia la vida”, pues nos preocupamos de cosas sin importancia trascendente: cuánto ganamos, en cambiar el auto todos los años, nuestra apariencia física, los vicios, la comida, la televisión, el estatus social, el trabajo o las compras; y olvidamos lo esencial: respirar y dar gracias por una existencia que no tenemos garantizada.

Así hasta que nos volvemos viejos y enfermos; nos vamos quedando solos, pues muchos de quienes apreciamos ya no están, y el tiempo se nos acaba, no vuelve atrás. Muchas veces es en el lecho de muerte que nos arrepentimos de lo que dejamos pendiente o no hicimos.

Esto no quiere decir que no aprovechemos un viaje, una comida, nuestro trabajo o un paseo en auto, sólo que nuestra existencia no se reduce solamente a eso.

Cuando nos acordamos de respirar, traemos nuestra atención al presente, a lo que sucede delante de nosotros. De ahí la palabra presencia, de presente, cuyo significado puede ser tanto obsequio como el tiempo del verbo.

Usualmente tratamos de evadir el presente con distintos artificios: fumar, vídeo – juegos, televisión, compras, lecturas livianas, relaciones sociales voraces, pensando esto y aquello, drogas y alcohol. Quizás estamos tan anestesiados que sólo intentamos sentir algo, como si la vida se tratara de consumir experiencias.

¿Y qué estamos descuidando cuando no consideramos el presente?

Por definición somos seres humanos y básicamente dejamos de ser, que en inglés es “to be”, y significa ser y / o estar. Al no estar en la presencia, nuestra conciencia esta enfocada en “otra cosa” y nos perdemos cada maravilloso segundo. La vida transcurre desestimada ante nuestros ojos y no disfrutamos de lo que estamos haciendo: el trabajo, nuestros seres queridos, lo que comemos, nuestros viajes, ni nada de lo que hacemos porque estamos continuamente juzgando, evaluando, deseando y lamentándonos de lo que fue (o no) o preocupándonos por el mañana.

“La vida es aquello que te va sucediendo mientras estás ocupado haciendo otros planes”.
John Lennon

Por ello, es de vital importancia tener a la muerte como nuestra compañera, no como un tema tabú o algo que temer. Ya que esta nos hace valorar nuestra existencia y lo que nos rodea. La respiración es un signo de la vida, y siendo conscientes de ella, segundo a segundo, es que mostramos gratitud por este regalo y podemos apreciar nuestras experiencias.

Daniel Varas Sepúlveda.
Psicólogo diplomado en psicología positiva.
Fundador centro de concentración y sanación con plantas medicinales “Ojo de Luna”.
Monje Zen.
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Dirección consulta: Antonio Varas 175, of. 309, Providencia.
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