Raíces emocionales de la adicción

Dejar de Fumar es Facil • Julio 08, 2014 • 1 Comentario

Muchas veces consumimos diferentes sustancias, alimentos, experiencias o relaciones, para rellenar una especie de vacío que habita en nuestro interior; otras para disminuir o soportar las perturbaciones en nuestro pensamiento y cuerpo por parte de las emociones.

Desde sus inicios, durante el proceso de evolución de las especies, la respuesta emocional ha sido una herramienta útil a la hora de lidiar con las distintos desafíos que van surgiendo de los entornos. Es así como la rabia ayuda a defender el territorio de enemigos y predadores, el miedo lleva la sangre a nuestras piernas facilitando la respuesta de huida, el asco nos previene de comer alimentos en descomposición y la tristeza disminuye nuestras energías para que podamos descansar y reponernos físicamente ante una pérdida.

Asimismo, existen emociones que fomentan el crecimiento y desarrollo de grupos, las llamadas emociones positivas como bondad, compasión, esperanza, perdón, alegría, amor.

Con el crecimiento y complejización de las sociedades humanas, las ciudades y la vida moderna, muchos de estos procesos se han confundido y comenzado ha funcionar de manera errática, poco acorde con las requerimientos de los desafíos que la vida nos presenta, y la consiguiente sensación de malestar físico, emocional, la mente agitada a ‘mil por minuto’, espiritual, social y familiar.

El motivo de que afecte tantas áreas de nuestra vida, radica que si nos sentimos mal, por ejemplo con rencor hacia alguien, o una tristeza acarreada por meses que nos impide conseguir lo que nos proponemos, percibiremos la vida como similares cualidades. Quedará más claro cuando expliquemos que es una emoción.

¿Qué es una emoción?

Podemos entenderla como una respuesta a tres niveles: mental, físico y en la conducta.

Que sea una respuesta, nos indica que ha de existir algo que la produzca (“real” como problemas con la pareja o una pérdida, o bien “imaginario” como una preocupación o los recuerdos de un pasado triste), que nos hagan sentir miedo, ansiedad o alegría.
A nivel mental, existe el sentimiento. Es la etiqueta o rótulo que otorgamos a la experiencia. En un principio pudo haber sido algo como: ‘tigre, corre por tu vida!’ o ‘el pescado huele mal, no comer’, más con el paso de tiempo se fue transformando en algo como: ‘estoy intranquilo porque la universidad está muy difícil y no se si halle trabajo después’ o ‘me dan nauseas cuando ella llega’.

A nivel físico, se liberan una serie de hormonas, neurotransmisores y mensajeros químicos que preparan y transforman el cuerpo para que responda frente a un estímulo. Es acá donde ‘el pensamiento se hace carne’. Por ejemplo, si un niño se está ahogando en la piscina, probablemente el miedo haga que el padre en pocos segundos corra y rescate a su hijo, un hecho con principio y fin bien delimitados. Por otra parte, si el temor es a ser despedido, abandonado, a no cumplir, a no conseguir lo que deseo; poseerá limites difusos y con frecuencia se mantendrá en el tiempo, quien sabe si por días, semanas o meses. Estos cambios en la química del organismo sostenidos en el tiempo, son los que lo deterioran y los responsables del malestar físico, mental y emocional (fobias, agotamiento, estrés, obsesiones, depresión, impulsividad).

El nivel conductual, se refiere a la clase de respuesta que generará cada situación y sus consecuencias, es distinto actuar y reaccionar frente a los acontecimientos de la vida con rabia, amor o inseguridad (respuesta de ataque o huida).

En nuestra cultura, al estar emocionalmente alterados, el cuerpo comienza a funcionar o muy rápido o muy lento, y al ser la emoción una respuesta ante situaciones críticas consume energía y lo desgasta.
El estar del cuerpo, irritado e incómodo, perturba la mente; o piensa mucho, o lo peor, no tiene esperanza, lo que nos genera insatisfacción con nuestra vida; tristeza, desánimo, frustración y a estas alturas ya es difícil dilucidar dónde comenzó esta rueda.

Acá es dónde surge el riesgo de caer en la adicción: al tabaco, al juego, las relaciones, el alcohol, la comida, el trabajo. Se tiende a reparar, controlar u ordenar afuera, en lo externo aquello que hay que trabajar y organizar internamente.

Desde esta perspectiva es difícil concebir la felicidad como algo plausible, pues todo el sistema mente – cuerpo – emoción – relaciones sociales – espíritu se encuentra en desequilibrio.

En la medicina tradicional amazónica, la enfermedad es entendida como dicha falta de armonía. Y través de procesos de dieta de plantas y árboles medicinales se re – establece este orden. “Desintoxicando el cuerpo, se centra la mente y el corazón, y se establece la conexión con el espíritu.”. En este proceso, la dieta no es comer poco como entendemos en nuestra cultura, sino alimentarse bien, cuidar del cuerpo y hacerse consiente de nuestro funcionamiento mental y emocional, lo básico para hacernos cargo de nosotros mismos y lo fundamental para tener relaciones sociales saludables.

Para mayor información visitar http://www.ojodeluna.org

Daniel Varas Sepúlveda.
Psicólogo diplomado en psicología positiva.
Fundador centro de concentración y sanación con plantas medicinales “Ojo de Luna”.
Dirección consulta: Antonio Varas 175, of. 309, Providencia.
Teléfono: (022) 365 0019 / 9 – 7794944
Correo electrónico: davaras@uc.cl

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