Comprendiendo la adicción

Dejar de Fumar es Facil • Marzo 28, 2013 • 2 Comentarios

Para entender de qué se trata el la adicción al tabaco, tenemos que comprender primero de qué se tratan los hábitos.

            Estos guardan relación a aquellas experiencias en la vida, que nos marcan de manera positiva, pues nos brindan placer: hacer ejercicio, compartir con la familia y amigos, meditar, el sexo, los videojuegos, juegos de azar, el consumo de sustancias, lícitas e ilícitas; y la lista podría ser interminable.

            El problema surge, no por la realización de la experiencia en sí, sino del estado basal en que se encuentra la persona (estado emocional, pensamientos predominantes). El problema no es el placer, sino que nos volvemos adictos este, para compensar una carencia en otras áreas de la vida más internas, entre ellas que no podemos lidiar con nuestros estados emocionales de enojo, tristeza, angustia, pereza, culpa, vergüenza o miedo; también muchas veces, nuestros patrones de pensamiento son rígidos y hacen que nos sintamos sobrepasados por el mundo (p.e: “todos los que no son como yo son malos”,  “no puedo”, “pero…”, “y si….”, “las cosas tienen que ser así”, por sólo mencionar algunos).

            El problema con estas maneras de enfrentarse a la vida, no es que sean buenas o malas en sí, sino que son rígidas y poco flexibles. De ahí nace eso que llaman personalidad, que los hace diferenciarse unos de otros (“el obsesivo”, “la histérica”, “el impulsivo”, “el introvertido”). Cuándo vamos por la vida en esta dinámica, apreciamos sólo una parte de la información que hay afuera, en otras palabras, vemos sólo lo que queremos ver, lo que nos hace no actuar de una manera totalmente adaptada y eficiente.

            Por otra parte, el tener que mantener una imagen ante los demás: ser serio, proteger el estatus o adoptar ciertas creencias aunque no esté de acuerdo, para el buen funcionamiento de su entorno familiar, social o laboral, hacen también que la esencia de lo que uno es quede más abajo dentro de estas capas (personalidad, estereotipos, “que dirán”).

            Es por esto que muchas veces nos sentimos, disconformes con nuestra vida, con una sensación de falta básica, un vacío que no se llena con nada, por más dinero, bienes o relaciones que tenga. Un vacío existencial que lo predispone a buscar ese placer que ya no proviene del realizarse en su trabajo ni en sus relaciones (ya que muchas de ellas son vacías o por sólo utilidad) o prácticas; ahora lo busca en experiencias que generan placer (pues es más sencillo),  y al no encontrarlo dentro de uno, estás experiencias comienzan a convertirse en aquello que le faltaba, y por lo tanto dependiente de ellas.

             Acá surge la distinción entre uso seguro, abuso y uso inseguro, de estas experiencias, no sólo de las sustancias que modifican la conciencia.

           Por ejemplo una persona puede perfectamente fumar un cigarrillo o marihuana, beber una cerveza, ir al casino o disfrutar del sexo, si lo hace como una experiencia en la que voluntariamente se participa, de forma libre y consagrando la experiencia a un fin superior, el compartir o celebrar. Por otro lado, su vida se dirige principalmente desde el hacer, realiza más actividades y el perseguir la experiencia agradable no deteriora otros ámbitos de su vida.

            Por otro lado, están aquellos que teniendo este vacío existencial, recurren a la experiencia placentera sólo en busca de evadir la cruel realidad o otorgar un poco de bienestar para quitar las penas o el sin sentido: abuso. Acá existe un consumo problemático, pues por lo general, se descuidan otras áreas de la vida (familia, trabajo, amigos), se pone en riesgo la propia integridad con tal de regalarse un poquito de salvación. En el consumo de cigarrillos no se nota tanto, pues el deterioro es lento, aunque con los años el daño físico es notable. Note sí fuma cuando se siente aburrido (a), enojado, preocupado, y vea si está disfrutando su hábito, o este es sólo un parche para lidiar con su rutina y su vida.

            En la tercera categoría, uso inseguro, la persona ya se ha vuelto adicta a una sustancia, empeora su imagen personal, deja de lado otras cosas que antes tuvieron valor para sí, y persiste en su hábito por más dañino que este le sea.

            En resumen, no hay sustancias buenas ni malas, sino el uso que se les da, el para qué. Si cae dentro de las dos últimas categorías, su hábito es un aviso de que algo sucede. Que es necesario observarse uno mismo para entender – se. Conocerse.

            Es por eso la idea de estos talleres en dejalo.org, ayudarlos (as) en ese viaje hacia su propio interior, dónde cada uno tiene sus propias respuestas. Si pueden observar que es necesario cambiar algo, es el primer paso hacia la toma de consciencia y hacer algo al respecto.

Daniel Varas Sepúlveda.
Psicólogo.
Dirección consulta: Antonio Varas 175, of. 309,  Providencia.
Teléfono: (02) 365 0019  / 9 – 7794944
Correo electrónico: davaras@uc.cl

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